La estrella que visualizaron los reyes magos, sigue allá en la inmensidad del firmamento, y acá en nuestras vidas. Francisco las ha numerado: “luces intermitentes, luces cegadoras, l luces seductoras; una luz estable y una luz amable”. Esta imagen no es propiedad de UNIMINUTO Radio, fue tomada con el fin de ilustrar el artículo.

El camino que recorrieron los personajes bíblicos hasta encontrar a Jesús, es el camino continuo del cristiano; un camino “hecho de esperanza, hecho de búsqueda; un camino que prosigue, incluso, cuando la estrella desaparece momentáneamente de la vista”.

La  fiesta del 6 de enero, enseña el papa, “ nos hace ver un doble movimiento: el movimiento de Dios hacia el mundo, hacia la humanidad y el movimiento de los hombres hacia Dios”.

El primero movimiento hace referencia a “toda la historia de la salvación, que culmina en Jesús”, y el segundo, “pensemos en las religiones, en la búsqueda de la verdad, en el camino de los pueblos hacia la paz, la paz interior, la justicia, la libertad”.

Francisco dibuja  el modo de ese  caminar y el comportamiento  adoptado: El camino ha de ser  “atento, incansable y valiente”, en el que se hallan insidias, zancadillas, lazos. En ese transcurrir “hay que evitar las charlas superficiales y mundanas, el egoísmo, el pesimismo”. Estos obstáculos, dice el primer papa suramericano, “bloquean” al ser humano.

El miedo, el que experimentó Herodes, no ha logrado ser vencido “incluso en nuestros días, tienen miedo de la venida de Jesús y cierre el corazón a los hermanos y hermanas que necesitan ayuda”, dice Francisco.

Tienen miedo los Herodes de hoy, escribas, líderes; todo el mundo  “tienen miedo porque no pueden mirar más allá de sus certezas, por lo que no logran captar la novedad que hay en Jesús.”

El papa, en la Capilla Papal este 6 de enero se refirió a los “grandes” de entonces: el emperador Tiberio, Poncio Pilato, Herodes, Filipo, Lisanio, los sumos sacerdotes Anás y Caifás; y sobre ellos dijo que  “ podríamos tener la tentación de “poner el foco de luz”.

La estrella que visualizaron los reyes magos, sigue allá en la inmensidad del firmamento, y acá en nuestras vidas. Francisco las ha numerado: “luces intermitentes, luces cegadoras, l luces seductoras;  una luz estable y una luz amable”.

“Depende de nosotros elegir cuáles seguir”. Las luces intermitentes son las que “duran poco y no dejan la paz que buscamos que van y vienen, como las pequeñas satisfacciones de la vida: que aunque buenas, no son suficientes”.

Las luces cegadoras son dinero y éxito que prometen todo. Las cegadoras se transforman en seductoras, “pero con su fuerza ciegan y hacen pasar de los sueños de gloria a la oscuridad más densa”. La luz  estable y la  amable, son las que se deben seguir, como hicieron  los Magos, “porque no es de este mundo: viene del cielo y resplandece… ¿Dónde? En el corazón.”

El papa recordó que “Es siempre grande la tentación de confundir la luz de Dios con las luces del mundo. Cuántas veces hemos seguido los seductores resplandores del poder y de la fama, convencidos de prestar un buen servicio al evangelio. Pero así hemos vuelto el foco de luz hacia la parte equivocada, porque Dios no está allí.“