Esta imagen no es propiedad de UNIMINUTO Radio, fue usada con el fin de ilustrar el artículo. AFP / Alberto PIZZOLIPANAMA-POPE-WYD

Juan Pablo II “esperado el momento de besar tierra panameña”, fue el primer papa que visitó la península el 5 de marzo de 1983, en una maratón en la que compartió con los campesinos, les dijo que sabía “de las condiciones de vuestra precaria existencia: condiciones de miseria para muchos de vosotros, con frecuencia inferiores a las exigencias básicas de la vida humana”.

Después de más de tres décadas, el Obispo de Roma volvió a Panamá, encontrando una situación similar, revelada por la Conferencia Episcopal de Panamá (CEP) que  expuso, previo a la visita papal, su punto de vista respecto a “la realidad eclesial y social” de ese estratégico país centroamericano que, pese a la inmensa riqueza que posee, “tiene demasiadas necesidades básicas no satisfechas”. El país, dijeron los obispos “no merece estar viviendo una experiencia tan dolorosa y escandalosa que afecta a un significativo número de panameños y de panameñas”.

La máxima autoridad de la iglesia de este país pequeño reconoce la cruda realidad de la violencia que está en todas partes “en el hogar, en la calle, en los medios de comunicación, en las redes sociales”; por lo que invitó desde hace tiempo a “hacer un alto”.

Las pandillas que delinquen en Panamá son un problema de primer orden, al punto que en 2014 “el presidente Juan Carlos Valera anunció una  amnistía para pandilleros que accedieran a desarmarse”, informó Insight crime.

Hace 36 años el papa polaco, en su visita a Panamá, se preguntó “ ¿A qué conduce este camino de la violencia? Sin lugar a dudas, crecerá el odio y las distancias entre los grupos sociales, se ahondará la crisis social de vuestro pueblo, aumentarán las tensiones y los conflictos, llegando hasta el inaceptable derramamiento de sangre, como de hecho ya ha sucedido”. 

Acerca de la corrupción, que la CEP viene diciendo “NO” desde hace cerca de dos décadas, reconoce que ese “país se ve empañado por acusaciones de actos de corrupción”, que está extendida hasta en los más altos puestos oficiales. La Corte Suprema de Justicia Panameña  tramita varias investigaciones contra el ex presidente Ricardo Martinelli (2009-2014) por corrupción.

La pobreza en Panamá es inocultable, evidente, y esa realidad la sabe muy bien la iglesia que la califica como  una “situación social que  sigue siendo difícil”.

No se desconoce “que nuestro sistema educativo ya ha colapsado”, y al efecto la iglesia exhibe la prueba: “el incremento de los fracasos escolares, que no solo pone en evidencia al estudiante reprobado sino el fracaso de toda la sociedad panameña”.

Al pueblo no se le escucha como es debido; así lo advierte la CEP, refiriéndose entre otros casos al de la comunidad Ngöbe-Buglé, que de acuerdo a Amnistía Internacional, llevaba varios años protestando contra la construcción de la represa hidroeléctrica de Barro Blanco; en efecto se suspendió la obra, pero el gobierno desconociendo a la comunidad, las reanudó.

Ante semejante espectáculo la CEP ha llamado a defender la familia y  alertado a “no  seguir mirando para otro lado, en una nación donde pareciera que nadie cree en nadie; hay desilusión y rabia ciudadana”.