Por Daniela Henao Masso y Jorge Orozco Holguín. Observatorio de Dignidad Humana. Fundación Universitaria Católica Lumen Gentium.

Las comunidades organizadas deciden en su mayoría no permitir el ingreso de la minería y los cultivos de uso ilícito. Para esta comunidad la construcción de paz es gozar de su río, y conservar los valores culturales ancestrales que se pueden perder cuando se permiten los cultivos ilícitos y la subsiguiente transformación del habitat debido a los químicos, generados por la explotación minera.

Para los habitantes de Yurumanguí, la construcción de paz no pasa solamente por un acuerdo firmado entre las FARC y el gobierno; para ellos implica una mirada más profunda: consiste también en la paz con la naturaleza y vivir en armonía con su entorno, que los jóvenes ingresen a una universidad y desde allí ayuden con sus conocimientos a mejorar las condiciones de vida de la comunidad.


Hablamos con uno de sus líderes comunitarios, el coordinador de jóvenes que a su cargo tiene la tarea de trabajar con ellos para la conservación del legado de los líderes y conocimientos ancestrales.

Luis Evelio Caicedo Anizares, conocido cariñosamente en el territorio como Lucho, cree que ser un líder social es “defender los derechos de cada una de las personas que habitan el territorio común, es, además, pensar una vida digna, buscarles soluciones a las problemáticas que se presentan a diario, generar condiciones de vida en los territorios. Pero lo más importante es defender día a día la supervivencia en el territorio”. Frente a los peligros que se tiene por ser un líder social, afirma que “el riesgo que se corre es el de perder la vida misma y de los familiares”.

Actualmente Lucho tiene 25 años. Cuando cumplió los 19 empezó su proceso como líder social. Ha puesto sus esfuerzos en la construcción de paz en su territorio, partiendo del diálogo constante que tenía con los mayores que habían generado procesos similares a los que hoy en día promueve.

Cuenta que ha visto resultados favorables, pues los jóvenes se están empoderando del proceso organizativo y piensan nuevas alternativas para construir paz desde cada espacio, preservando los recursos naturales.

Luis Evelio nació en la vereda San Antonio, ubicada sobre la rivera del Río Yurumanguí, zona rural de Buenaventura. Es bachiller de la escuela rural de su territorio, padre de un niño de dos años y actualmente se dedica a la formación de líderes con los jóvenes que habitan la región. Fue el gestor del más reciente encuentro de jóvenes al que asistieron aproximadamente 160 líderes y lideresas, que participaron de talleres de liderazgo, proyectos de memoria colectiva y de encuentros deportivos.

La intención de estos espacios, según Lucho, es comenzar a preparar a los jóvenes para que se empoderen y exista un relevo generacional de líderes, pero también para que cada día sean más las personas que puedan tomar decisiones en nuestro territorio. “Nuestra población en gran cantidad es joven, así que tenemos que educar para que el día de mañana sean ellos los que guíen el proceso que llevamos”. Luis Evelio considera que la paz se debe construir en Colombia generando oportunidades de educación y proyectos productivos que se desarrollen en los territorios rurales del país que más afectación de la guerra hayan sufrido:

Necesitamos que lleguen las universidades con diferentes programas que nos ayuden a solucionar problemáticas propias de los territorios, esto lo necesitamos urgente ya que con educación y oportunidades podemos arrebatarle los jóvenes a la guerra. No podemos hablar de paz mientras en los territorios siga existiendo desigualdad.