En todo momento, en toda la historia, desde todas las áreas, una de las estrategias más usadas en busca del dominio o la manipulación, es el miedo.

También es el tema de Alfonso Cuéllar en la Revista Semana en circulación, titulado “Jugar con el miedo”. Inicia remontándose a un cuento de Gabo, nuestro premio Nobel de Literatura, que narra cómo la sensación simple de una mujer se convierte en motivo de desplazamiento masivo. Todo por el miedo que la sensación de esa mujer causó tras correr la idea de que tal vez, posiblemente, ese día podría ocurrir algo grave.

Compara la narración garciamarquiana con nuestra realidad actual:

Así estamos en Colombia; corriendo como gallinas sin cabeza. El chisme es la única verdad hasta que se comprueba lo contrario. Los panfletos de los terroristas son documentos creíbles que deben ser difundidos ampliamente para proteger a la ciudadanía. O para denunciar la inseguridad. Una organización guerrillera anuncia un “paro armado nacional” y se replica por televisión, radio, prensa y medios digitales. Nadie se hace la pregunta elemental: ¿El ELN tiene la capacidad organizacional y el número de integrantes para hacer cumplir una amenaza de esas dimensiones? El esfuerzo logístico es enorme: en Colombia hay 1.122 municipios, conectados por un sinnúmero de vías, de entradas y salidas. Ni hablar de las ciudades grandes. La guerrilla podrá atormentar a algunos pueblos en sus zonas tradicionales de influencia (por ejemplo, Arauca). Pero de allí a imponer a la fuerza su amenaza a un país de 50 millones de habitantes hay mucho trecho. Muchísimo.

El ELN lo sabe. Ni ellos se creen la retórica. Por eso deben estar de fiesta con el cubrimiento nacional de su comunicado. Esa publicidad gratis -“free press” como se describe en el medio- no tiene precio. Motiva a su poca tropa, muestra una fortaleza inexistente y facilita sus labores de reclutamiento”.

La moraleja es la misma de siempre. Antes de correr dejándolo todo, por miedo, confirmemos. Acate el mensaje: “no coma cuento”.

Deja tu comentario