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Por Daniela Ovies

Es una mañana fría, las personas corren de un lado a otro. Los comerciantes compran y venden, pagan a quienes cargan bultos, se escuchan gritos. El ritmo de Corabastos nunca para, es incansable. La llaman la plaza de Bogotá, es el lugar donde más se mueve dinero a diario. A las 6 de la mañana se ve un niño con su madre y su hermano recabando en la comida que desechan en la plaza, muchos dirán que es de la basura, pero ninguno se imagina que unas horas después va a estar en la mesa de 40 familias más.

Lo anterior es uno de los tantos recuerdos que tiene Hugo Martínez, un colombiano humilde que vivió en La Vega, un barrio alejado en la localidad de Kennedy en Bogotá. Mientras hablamos recuerda, “fui barrista, estuve metido en cosas pailas”, esto generó un desplazamiento para su familia por cuestiones de seguridad y supervivencia.

La vida de Hugo está marcada por varios sucesos, uno de ellos es la toma del colegio el INEM de Kennedy, él ya estaba involucrado en procesos sociales, pero nunca va a olvidar la acción que realizaron los estudiantes. Según él, desde ahí empieza a abrir los ojos. Tuvo que sacar adelante un tecnólogo en el SENA, Administración Logística, “ahí fue otro vídeo más revolucionario”, porque lo llevó a movilizar gente, a educarla. Hugo es un hombre relajado, su rostro se muestra sereno, es de estatura baja, en su apariencia no demuestra haber estado en el comité de estudiantes egresados del SENA y que luego pasó a ser parte del Sindicato Estudiantil y terminase en Alternativa Popular.

“Lo aprendido nunca se olvida”, las diferencias siempre están en el método, repite en diversas ocasiones. A Hugo le gusta debatir, por eso dice que se dio cuenta que su lugar no estaba en donde ya todos se saben “la vuelta”, sino donde necesitan acompañar y transformar. Él siempre ha querido develar el sistema, que las personas conozcan de él y sepan cómo jugarle.

Luego de trabajar en bancos y ver que no era lo que buscaba y gustaba, decide estudiar en una universidad pública Pedagogía en Ciencias Sociales, Hugo es ahora un profesor rapado a los lados, con una trenza en medio de la cabeza que le llega hasta los hombros, trigueño, con un caminado particular, que saluda a todos en su barrio de “parce”, pero que luego reúne a los niños para hablar de educación popular “Mis clases no son neutrales para nada, yo soy de abajo y vengo desde la izquierda, yo les muestro las cosas como son, reconocer desde la categoría de clase”.

Cuando se encontraba en segundo semestre estuvo en proyectos como Bogotá Humana, con el fin de generar espacios de lectura no convencionales. Su objetivo fue la plaza de mercado del barrio Las Cruces, los niños leían en un puesto de la plaza adecuado por los gestores del proyecto para la iniciativa, llegó el mes de diciembre, él y las dos chicas que le ayudaban se plantearon crear una novena que reivindicara lo ancestral, por ejemplo, el día del agua, de la tierra, del campesino, entre otros.

En medio de conciertos y muestras de arte, en el año 2016 se creó un festival en Engativá llamado Centro de Pensamiento Comunitario Guaches y Guarichas, el costo de la boleta era un libro porque “en un país de ciegos el tuerto es el que gobierna”. El concepto de guache y guaricha es en honor a los indígenas muiscas, la idea también es que la comunidad no se avergüence de sus raíces, no piense que lo ancestral es lo que ya pasó de moda.

Mañana podrá encontrar la segunda y última parte de esta historia.