Escucha nuestras emisoras: 🔊 AUDIO EN VIVO |

Escucha nuestras emisoras: 🔊 BOGOTÁ 1430 AM | 🔊 TOLIMA 870 AM | 🔊 SOACHA | 🔊 NEIVA |

Memorias de Resiliencia – primera parte

Por: Ana María Restrepo Cristancho

Oscar Acevedo Roversi, hombre cucuteño radicado en Venezuela, tenía una vida normal y con comodidades. Vivía solo con su hijo Jesús Rafael en Valencia, Venezuela, –puesto que estaba en pleno proceso de divorcio con la madre de su hijo– en un apartamento de una urbanización muy bien localizada. Tenía dos carros: uno que había comprado tiempo atrás y el otro porque Jesús quería un carro rojo, así que le cumplió el capricho.

- Patrocinado -


Oscar era músico, compositor e ingeniero civil y trabajaba como el director de tránsito, transporte y vialidad de la Alcaldía de Tinaquillo. Era un cargo muy importante, pues tenía que dirigir todos los asuntos de transporte público urbano, construcción y remodelación de vialidad urbana, control de tránsito y movilidad de ese municipio. Tenía muy buenos ingresos económicos, lo que le permitían tener a Jesús en un colegio privado de la zona, el cual, gozaba de un muy buen sistema educativo.

Ambos eran muy felices, no les hacía falta nada. Tenían la vida arreglada y bajo control, pero entre el año 2000 y 2007, cuando el país se fue deteriorando poco a poco, por la situación social, económica y política que empezó a emerger, Oscar optó por la vida independiente como ingeniero civil y se dedicó única y exclusivamente a hacer proyectos de ingeniería y movilidad urbana, en lo que tuvo bastante éxito.

Es en el año 2011 cuando el presidente de turno, Hugo Chávez, comienza a tener problemas de salud y le detectan cáncer, –y su posterior deceso en 2013– provocando que éste se fuera a Cuba y dejara encargado a Nicolás Maduro, quien, en palabras de Oscar “empezó a llevar torpemente al país por un abismo y comenzamos a sentir los rigores de la escasez, no sólo de alimentos, sino de muchas cosas como gasolina, repuestos para autos, etcétera, etcétera, etcétera”.

Esta incipiente situación empezó a afectar a todos los sectores del país, pero el ataque hacia los empresarios los obligó a marcharse, ocasionando que los trabajadores independientes salieran perjudicados, puesto que, eran sus clientes directos al contratarlos para realizar los diferentes proyectos de ingeniería, de vialidad y movilidad urbana. Ésta circunstancia desencadenó una escasez laboral en la que Oscar se vio inmerso.

La escasez comenzó a hacerse más notoria en otros aspectos como; en los implementos de aseo y demás artículos de primera necesidad. Lo poco que quedaba en las tiendas tenía los precios por las nubes. No había mucho dinero para comprar tampoco, por lo que se empezaron a multiplicar sus necesidades, hasta el punto de verse obligado a vender todas sus cosas para obtener dinero, comprar alimentos y saciar sus necesidades básicas y las de su hijo.

Porque el hambre no daba tregua. Pero esto no trajo buenos resultados, pues a Oscar le dieron unos cuantos dólares apenas, por lo que decidió contactar a uno de sus viejos amigos de Colombia, Néstor Romero, –quien hoy en día se desempeña como fiscal de la nación colombiana– para que lo ayudara a emigrar de su país. Néstor les brindó esa mano amiga que tanto precisaban, enviándoles dos boletos de avión con salida de Cúcuta y llegada a Bogotá.

Oscar, en vista de su necesidad y por la preocupación que le embargaba su sanidad física y mental y la de su hijo, aceptó la ayuda de su amigo de épocas lejanas, empacó las pocas pertenencias necesarias que le quedaban y procedió a viajar con Jesús hasta la frontera.

Salida funesta

El 11 de agosto de 2016, día en el que Oscar y Jesús viajaron, hacía un calor sofocante, y la frontera se encontraba cerrada y custodiada por la Guardia Nacional que ejercía maltrato hacia las personas que estaban en oposición del gobierno y el legado de Chávez. Oscar estaba en contra de dicho gobierno, y en su momento firmó en contra de Chávez, por lo que quedó reseñado, incluso en Internet, como un opositor férreo del gobierno. La falta de apoyo y ayuda fue también una de las causales para migrar.

Oscar tenía la ventaja de haber sido profesor en el Instituto Universitario de las Fuerzas Armadas Nacionales y como tenía sus credenciales, él y Jesús pudieron cruzar de una manera un poco más fácil, aunque no sin antes haber tenido que experimentar serias vicisitudes y soportar las humillaciones por parte de la Guardia Nacional, como si fuese un delito el querer tener una vida de calidad, una vida que valiera la pena vivir.

Una vez cruzaron el Puente Simón Bolívar, que es el puente que está en la frontera con Cúcuta, Oscar giró su cabeza y fue realmente consciente de su salida, de que ya no había vuelta atrás. Fue ahí cuando se despidió en silencio, y con nostalgia en toda su expresión, en un gesto de gratitud hacia lo que fue un buen país en el momento en el que lo necesitó, pues les brindó comodidades y oportunidades que vivirían por siempre en su memoria.

La llegada y la adecuación

Entrando a Colombia, Oscar y Jesús fueron muy bien recibidos por la Policía Nacional, quienes generaron un contraste con la Guardia Nacional Venezolana al no poner ningún tipo de resistencia en el ingreso. Esto, debido a que Oscar tiene la doble nacionalidad, e hizo el trámite respectivo en el consulado de Venezuela para otorgarle también la nacionalidad a Jesús.

Cuando llegaron a Cúcuta, entraron a un Carulla y vieron todos los productos que no veían desde hacía tres años por la gran escasez, como el jabón de baño, el papel higiénico, desodorante, crema dental, arroz, azúcar, café, lentejas, y muchos más. Fue algo que los maravilló y alegró completamente.

Pasaron una noche tranquila y al día siguiente viajaron a Bogotá, donde el clima se presentó como un obstáculo más en su camino: el frío les calaba en los huesos. Estaban acostumbrados a la calidez de Valencia, por lo que el cambio brusco de temperatura los sorprendió.

Una vez llegaron al Aeropuerto Internacional El Dorado, los estaba esperando una prima de Oscar, quien les había ofrecido una habitación de su casa por los siguientes quince días, donde vivieron un calvario: no tenían camas, tuvieron que compartir una colchoneta en la que la incomodidad se hacía cada vez más latente. El cambio fue fuerte para ellos, casi como si los hubieran sacado a patadas del cielo y los hubieran dejado a su suerte en un mundo injusto y cruel.

Los quince días pasaron y alquilaron una habitación en el norte de Bogotá, pero el dinero se estaba agotando, Oscar no había conseguido ningún empleo en ese lapso, y Jesús aún no podía ser matriculado en un colegio porque debían esperar hasta febrero del próximo año.

Semanas después, Oscar consiguió un trabajo como director de coro y profesor de guitarra y gramática musical en la Corporación Universitaria Iberoamericana, del que recibía una entrada económica que le alcanzaba apenas para subsistir. Pero no era suficiente. Y es que después de vivir con lujos, acostumbrarse a lo mínimo es un tema complejo.

Por lo que días después, se fue a la Universidad Católica a solicitar trabajo como docente de ingeniería, pero fue tratado muy mal por el decano, quien le dijo que no había oportunidad de trabajo allá, que buscara en otro lado, por lo que se vio obligado a marcharse en medio de la desesperanza y el desespero.

Sin embargo, a los veinte días el decano lo llamó a decirle que había una vacante, puesto que uno de los profesores había renunciado y necesitaban un reemplazo urgente. Él aceptó, claramente, con ansias de un mejor porvenir, pero infortunadamente tuvo inconvenientes con la directora de Ingeniería Civil, ya que recibía un trato inhumano por parte de los demás trabajadores, lo que llevó a Oscar a exigir respeto, para luego costarle su trabajo: sólo estuvo allí un semestre académico. Se quedó sin la entrada económica de la ingeniería, y se mantuvo presente con la musical.

Lo más leído

Covid-19, una mirada desde la periferia

Impactos locales de la crisis global. Una mirada desde dos puntos diversos de la geografía nacional que deja en evidencia los rasgos de cada región y los problemas del centralismo predominante en el país.

¿Qué pasa con los niños que requieren terapias motoras y cognitivas en medio de la pandemia?

En una entrevista con Laura Martínez, terapeuta ocupacional, cuenta cómo se llevan a cabo las terapias en niños con problemas de desarrollo en esta época.

Noticias recientes

Padre Diego Jaramillo conversa sobre su vida (Segunda parte)

La vida del sacerdote que encuentra complejas respuestas de la Iglesia en un mundo quizás demasiado injusto ante la pobreza y miseria...

[Podcast] Historias de esperanza en tiempos de confinamiento

La historia de dos colombianos que viven en Canadá y desde allí cuentan su experiencia durante la pandemia.

El trapiche, un lugar donde además de producir la panela, se cultiva la amistad

Por: Agencia de Desarrollo Rural En medio de cañaduzales cuando se insinúa el sol mañanero, abre sus puertas el...