La brecha de género en los festivales de música sigue siendo una problemática visible en escenarios de gran impacto como Rock al Parque, Estéreo Picnic o Cordillera. A pesar de los avances en otros ámbitos culturales, la participación de mujeres en los carteles continúa siendo baja, lo que evidencia una desigualdad estructural dentro de la industria musical. Esta ausencia no solo limita la diversidad artística, sino que también refuerza estereotipos sobre quiénes pueden ocupar los espacios de mayor visibilidad.
Dentro de este contexto, los micromachismos se manifiestan de manera constante y normalizada, especialmente a través de discursos que minimizan el talento femenino. Frases como “las bandas de mujeres no venden” reflejan prejuicios arraigados que influyen en las decisiones de programación y perpetúan la invisibilización de muchas artistas. Estas prácticas, aunque sutiles, contribuyen a mantener una brecha que afecta las oportunidades y el reconocimiento de las mujeres en la música en vivo.
Frente a esta realidad, se vuelve necesario abrir espacios de reflexión que permitan cuestionar estas dinámicas y promover cambios reales en los escenarios musicales. Visibilizar la falta de representación femenina y reconocer los micromachismos existentes es un primer paso para avanzar hacia una industria más equitativa. La transformación de los festivales implica no solo una revisión de sus carteles, sino también un compromiso con la diversidad y la igualdad de voces en la música.








