No importa cuántas veces falle el artefacto, cuántas rocas le caigan encima o cuántos cañones exploten en su cara: el Coyote siempre se levanta, revisa el catálogo de Acme y vuelve a trazar un plan.
Coyote vs. Acme llevaba esta premisa al límite filosófico y legal: ¿qué pasa cuando la fuente de tus fracasos no es tu falta de voluntad, sino un sistema (o una corporación) diseñado para que falles? La persistencia del personaje no es necedad, es la negativa absoluta a rendirse frente al destino.
La paradoja de Coyote vs. Acme: El éxito que casi Warner no nos dejá ver
La gran ironía de Coyote vs. Acme es que la película sufrió el mismo destino que su protagonista. Warner Bros. ejecutó un “golpe de yunque” corporativo sobre la cinta, guardándola en un cajón para recuperar pérdidas fiscales en lugar de llevarla a las salas de cine.
Los pocos que pudieron verla en pases privados la calificaron como una obra brillante, divertida y llena de corazón. Irónicamente, años después el público pudo convertirla en un éxito de taquilla.








