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El mal femenino: la otra cara de la mujer

Existe un mito que dice que una empresa que en su mayoría tenga personal femenino, es perjudicial para el ambiente laboral por cuestiones de chismes. Desde mi experiencia puedo decir que es cierto y que a la vez no lo es.

Por: Karen Collazos Hernández

Hace un tiempo tengo un pensamiento recurrente que me invita a cuestionar mis valores como mujer, apoyo el feminismo y lo considero vital para el cambio social, sin embargo, siento que es necesario realizar reflexiones personales sobre lo que implica ser mujer y no quisiera explicarlo tanto desde el aspecto social, sino desde el experiencial.

Por comodidad cada vez que asisto a terapia psicológica elijo a una mujer y fue en una de estas sesiones en que la psicóloga me hizo entender que las mujeres podemos ser nuestro propio mal, solo por algo clave para la evolución como son las emociones. Te lo explico de la siguiente manera: todas tenemos madres, pero no todas vemos a la madre como una figura positiva, pero no nos sentimos abiertas a hablar del tema porque socialmente, por lo menos en Colombia, la madre es sagrada y eso tiene estrecha relación con la religión católica predominante en el país. Ahora bien ¿por qué no tenemos una imagen positiva de la madre? Porque hemos percibido abandono en cuestiones esenciales como el desarrollo personal, pero una excesiva atención que se convierte en control, sobre nuestra vida sentimental. Si la madre no aprueba a las personas del entorno, difícilmente puede haber armonía, y es el mismo miedo a enfrentarla lo que nos hace alejarnos de sus opiniones y optar por llevar una vida “clandestina”.

Veamos el siguiente escenario con las compañeras de trabajo. Existe un mito que dice que una empresa que en su mayoría tenga personal femenino, es perjudicial para el ambiente laboral por cuestiones de chismes. Desde mi experiencia puedo decir que es cierto y que a la vez no lo es. Lo relaciono con el nivel educativo de las mujeres, debido a que mis desencuentros han sido con aquellas que no cuentan con buena preparación educativa, caso contrario cuando he estado en espacios con mujeres de niveles muy superiores en el rango académico.

Continuando con los escenarios, te invito a que reflexiones sobre tu vida sentimental, respectivamente hacia la familia de tu pareja. Existe otro mito que indica que ninguna suegra quiere a su nuera y de esto he tenido muchas experiencias tanto propias como ajenas, pues hay la percepción de que la madre se enamora de su hijo al punto de sentirse desplazada si ve que este se compromete seriamente con su pareja de elección. También, entra en juego intereses económicos al ser el hijo el proveedor del hogar y que anula su tarea al decidir conformar uno nuevo, el cual requiere atención más inmediata que el hogar materno.

Yo no te puedo decir qué debemos hacer ante tales situaciones en las que las protagonistas son las mujeres, pero si te puedo invitar a hacer un ejercicio de control de las emociones para no repetir patrones sociales, que se convierten en un dolor de cabeza para los hijos que ven en su madre a una persona que no supo elegir pareja, y ahora quiere entrometerse en su vida sentimental, por ejemplo.

Piensa en que los celos son absurdos y nos llevan a la amargura, los celos nos convierten en personas que compiten con los demás y nos hace olvidarnos de nuestras metas reales. Si siento celos de mi compañera de trabajo, si la veo como una amenaza para mi crecimiento profesional, en realidad estoy viendo mi inseguridad por no ser “reconocida” y eso puede ser una consecuencia de la infancia y no lo sabemos. Algo esencial que aprendí en terapia es que hay demasiadas cosas que provienen de traumas de la niñez y no nos damos cuenta porque creemos que es normal.

Por otro lado, ¿Por qué me preocupa tanto no ser como otra mujer? ¿Por qué deseo tanto competir con otra? Deberíamos cuestionarnos más nuestro accionar en sociedad y tal vez parar un poco con el drama emocional. Yo tuve una jefa bastante emocional que nos trataba mal por problemas que traía de su casa y eso hacía que no la viéramos con respeto, sino con lástima. Así mismo, en algunas amigas he notado que recurren a la manipulación emocional para “arreglar” los problemas de pareja. Todo esto está terrible porque no estamos usando nuestra sensibilidad para empatizar, considerar, ayudar y otras cosas más, sino que somos conscientes de nuestro poder y lo usamos para dañar en esta etapa de pareja, en la próxima de madre y en la que sigue como suegra, porque tenemos miedo al abandono, al rechazo social, a vernos los defectos y aceptar que existe un ego que nos lleva a la necesidad de dominar.

Todo lo anterior lo he reconocido en mi interior y he pensado que no deseo que en mis próximas etapas lo que predomine en mí sea el miedo y la ignorancia que destruye lazos emocionales, no quisiera verme como un obstáculo para mis futuros hijos y esposo. Es bueno que todos podamos ser y respetar las elecciones personales sin el afán femenino de ser siempre protagonista.

Para culminar, es importante acudir a los profesionales de la salud mental para identificar patrones propios y ajenos, y así no emitir juicios nublados por la emoción. Para ser un verdadero adulto pensante y una mujer consciente de su poder en su entorno, se debe sanar todo aquello que no está ante nuestros ojos, pero sí ante los que nos acompañan, porque nosotras también hacemos daño y necesitamos reconocerlo en la sociedad y en la intimidad con nuestro yo interior.

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