El Árbol Rojo: conversación con la escritora Zulay Pinto y el ilustrador Anyelo López, detrás de la casa horripilosa.

El episodio de El Árbol Rojo dedicado a La casa horripilosa se siente como una conversación atravesada por el juego, la imaginación y la memoria de esos miedos infantiles que, aunque parecían aterradores, también tenían algo fascinante. Más que presentar un libro de poemas de terror para niños, el diálogo entre Zulay Pinto y Anyelo López termina explorando cómo el miedo puede convertirse en una herramienta creativa y emocional capaz de acompañar el crecimiento, la curiosidad y la sensibilidad.

Uno de los aspectos más interesantes de la conversación es la manera en que ambos entienden el libro como una experiencia completa y no solo como un texto acompañado de imágenes. Las ilustraciones no funcionan como decoración, sino como otra voz dentro de la historia. Hay una intención muy clara de construir una atmósfera donde lo extraño y lo tierno conviven constantemente: criaturas deformes pero simpáticas, sombras inquietantes, espacios oscuros que despiertan más curiosidad que rechazo. Esa mezcla hace que el terror no se vuelva agresivo, sino cercano, incluso divertido. 

La estructura misma del libro también resulta significativa. La casa horripilosa está pensada como un recorrido por distintos espacios de una casa: habitaciones, sala, jardín. Esa idea convierte la lectura en una especie de exploración  donde el lector avanza como si estuviera entrando poco a poco en un lugar desconocido. Y ahí aparece algo muy interesante: la casa no solo representa el miedo, sino también la memoria. Muchas de las imágenes evocan esa sensación infantil de sentir fascinación y temor al mismo tiempo frente a ciertos rincones, ruidos o presencias imaginadas dentro del hogar. 

Otro punto valioso es la reflexión sobre el terror en la literatura infantil. La conversación defiende la idea de que los niños no necesitan estar completamente alejados de emociones complejas. Por el contrario, el miedo ficticio y controlado puede ayudar a entender emociones reales y desarrollar herramientas para enfrentarlas. En ese sentido, el libro parece confiar en la inteligencia emocional de sus lectores y no subestimarlos. 

También resulta interesante la insistencia en preservar lo manual y lo artesanal dentro del proceso creativo. El lettering hecho a mano, las texturas y las decisiones visuales reflejan una búsqueda por mantener una sensación humana frente a un contexto cada vez más dominado por la rapidez tecnológica y la homogeneización estética. Esa postura termina conectándose con una idea más amplia: la literatura y el arte como espacios de resistencia y sensibilidad en medio de un mundo acelerado. 

Al final, la conversación deja la sensación de que La casa horripilosa no busca únicamente asustar. Lo que realmente propone es recuperar esa capacidad infantil de imaginar, de jugar con lo extraño y de entrar en la oscuridad sin dejar de sentir curiosidad. Y quizás ahí está su mayor acierto: entender que el miedo también puede ser una forma de descubrir el mundo y de descubrirse a una misma dentro de él. 

Redactado por Laura Rayo, practicante y participante del Semillero en Investigación Él Árbol Rojo.

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…de pronto ahí está, delante de ti…” ¡El árbol rojo! “…rebosante de color y vida, tal como lo imaginabas…” Las voces de la escritura, en las hojas de “El árbol rojo”. Un programa del Taller de escrituras creativas “El Árbol Rojo”.

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