El 18 de enero de 1989, Colombia fue testigo de uno de los golpes más fuertes que se ha podido dar a la rama judicial hasta el momento.

Una comisión judicial de 15 funcionarios fue enviada a San Gil, Santander, con el fin de investigar una serie de crímenes y masacres que se habían llevado a cabo entre 1987 y 1988, en el Magdalena Medio.

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Una vez llegaron al corregimiento de la Rochela- Simacota, un grupo aproximado de 40 hombres, pertenecientes a las Autodefensas de Puerto Boyacá, se hicieron pasar por guerrilleros y rodearon a la comisión, que horas más tarde fue asesinada.

La masacre fue ordenada por el entonces narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha y ejecutada por paramilitares del Magdalena medio, con la ayuda de algunos miembros del Ejército colombiano, esto último según los hallazgos de las investigaciones.

Asesinaron a doce investigadores judiciales, y, aunque fue declarado un crimen de “lesa humanidad” por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, los familiares de las víctimas aún siguen buscando la verdad de los hechos, justicia y reparación.

Una de ellas es Luz Carvajal, esposa de Yul Germán Monrroy, agente investigador del cuerpo técnico de la Policía Judicial de Bogotá, enviado con esa comisión a tan solo 16 días de haber entrado a la institución.

Según Luz, su esposo tenía el presentimiento de que no la volvería a ver a ella, ni a su pequeña hija de tan solo 13 meses de vida. Según su relato, todo fue una trampa, pues el Estado colombiano los envió escasos de armamento a un territorio que se caracterizaba por ser la cuna de los paramilitares en el país.  

Este crimen, aún después de 30 años sigue impune.

Les presentamos esta producción audiovisual realizada por UNIMINUTO Radio con el apoyo de los periodistas del colectivo Voces en Movimiento. Aquí se aprecia el testimonio de Luz Carvajal, en el que se evidencia el dolor y la impotencia aún cuando han pasado 30 años del hecho, el cual hoy viernes recordamos.