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Al borde del silencio: la falta de pruebas en Londres amenaza con dejar en libertad a Zulma Guzmán.

Traducciones pendientes y vacíos en el expediente complican la extradición; la visita a El Buen Pastor será clave para la decisión de los jueces británicos.

Colombia 17 de marzo del 2026 – La extradición de Zulma Guzmán entró en una etapa crítica. Lo que en apariencia podría resolverse con trámites administrativos —traducciones juradas y envío de pruebas complementarias— se ha convertido en un riesgo real: las autoridades del Reino Unido han comunicado que no han recibido la documentación completa necesaria para avanzar en el proceso, lo que podría demorar o incluso frustrar la entrega de la ciudadana a la justicia colombiana.

Fuentes oficiales señalan que el expediente remitido desde Colombia carece de elementos materiales probatorios y de traducciones certificadas que permitan a los magistrados británicos evaluar con rigor las imputaciones. En los procesos de extradición, la forma pesa tanto como el fondo: sin traducciones oficiales y sin la certificación de pruebas clave, los jueces no pueden valorar con certeza la solidez del caso, y la defensa puede alegar vacíos procesales que favorezcan la suspensión del trámite.

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La situación encendió las alarmas en el Ministerio de Justicia, que pidió a la Cancillería acelerar la coordinación con la Embajada en Londres para remitir de inmediato los documentos faltantes. En paralelo, las autoridades británicas han solicitado información sobre las condiciones carcelarias que enfrentaría Guzmán en Colombia, un aspecto que suele influir en las decisiones de entrega cuando existen dudas sobre garantías y derechos fundamentales.

Para aportar claridad sobre ese punto, está programada una visita al centro penitenciario El Buen Pastor el próximo 30 de marzo, en la que participarán observadores internacionales. La inspección busca evaluar las condiciones del penal y ofrecer a los jueces británicos elementos objetivos sobre el trato que recibiría la requerida en caso de ser extraditada. El resultado de esa visita podría inclinar la balanza: una evaluación favorable facilitaría la entrega; una negativa, por el contrario, podría reforzar los argumentos de la defensa.

A la complejidad documental se suma el contexto de la captura de Guzmán en el río Támesis, donde las autoridades registraron un episodio que fue interpretado como un intento de autolesión. Ese hecho llevó a que se incluya en el análisis la evaluación de su estado mental, un factor que los tribunales extranjeros suelen considerar con atención antes de decidir sobre la entrega de una persona a otro país.

Las posibles consecuencias del retraso son variadas y de alto impacto. Si Colombia no subsana las deficiencias en los próximos días, la extradición podría demorarse considerablemente; en el peor escenario, los jueces británicos podrían optar por no conceder la entrega y permitir que Guzmán enfrente procesos en el Reino Unido o, incluso, que recupere la libertad si no existen cargos locales suficientes. Ese desenlace sería un golpe para las víctimas y para las autoridades que impulsaron la solicitud desde Bogotá.

En Bogotá, la Fiscalía y la Cancillería trabajan contrarreloj para certificar y traducir los documentos exigidos por la justicia británica. La tarea no es solo técnica: implica garantizar que las pruebas lleguen con las formalidades que exige el sistema jurídico del país receptor, desde la apostilla hasta la traducción jurada, pasando por la presentación ordenada de cadenas de custodia y peritajes que permitan reconstruir los hechos imputados.

La defensa de Guzmán, por su parte, cuenta con argumentos procesales que podrían aprovechar cualquier omisión formal. Abogados consultados por este medio recuerdan que los tribunales británicos son estrictos en materia de garantías y que, ante dudas sobre la integridad del expediente o sobre el trato que recibiría la persona en el país solicitante, suelen priorizar la protección de derechos fundamentales.

Más allá del caso particular, el episodio evidencia la fragilidad de los procesos de cooperación judicial internacional cuando fallan los mecanismos de coordinación entre fiscalías, ministerios y misiones diplomáticas. La diferencia entre una extradición exitosa y un fracaso procesal puede reducirse a una traducción jurada o a un documento que no llegó a tiempo, y esas fallas tienen consecuencias concretas para las víctimas y para la percepción de la eficacia del sistema judicial. Mientras tanto, las víctimas y sus representantes siguen de cerca cada movimiento burocrático. Para ellas, la prioridad es que el proceso no se diluya por formalismos y que, si la evidencia es sólida, la justicia colombiana pueda ejercer su jurisdicción. Para las autoridades, la urgencia es técnica y diplomática: completar el expediente con la mayor celeridad y garantizar las condiciones que permitan a los jueces británicos tomar una decisión informada.

En los próximos días se definirá el rumbo del caso: la remisión de las traducciones juradas y de las pruebas complementarias, junto con el informe que arroje la visita a El Buen Pastor, serán determinantes. Si Colombia logra subsanar las deficiencias, la extradición podrá reactivarse; si no, el proceso podría quedar estancado en tribunales extranjeros, con el riesgo de que Guzmán recupere la libertad o enfrente un proceso local en el Reino Unido.

| Nota del editor *

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