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Bosque silencioso en agonía ¿qué está pasando con los arrecifes colombianos?

Bajo el azul de los mares del Caribe y del Pacífico colombiano, un bosque silencioso agoniza.

Por: Laura Martínez
Editado por redacción RIZOMA

Los corales, refugio de especies marinas y barreras naturales de las costas, están perdiendo su color y, con él, su capacidad de sobrevivir.

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El calentamiento global está afectando de manera directa al ecosistema marino, especialmente a los corales, de los cuales dependen cerca del 25 por ciento de las especies marinas conocidas.

Estos organismos, fundamentales para la salud del océano, enfrentan un deterioro acelerado en aguas colombianas.

Un animal que vive de la luz

Aunque suelen confundirse con rocas o plantas, los corales son animales coloniales que viven en zonas tropicales y subtropicales. Además de capturar plancton con sus tentáculos, dependen principalmente de microalgas que les aportan la mayor parte de su energía.

Cuando la temperatura del océano aumenta de forma continua, esa relación se rompe y comienza el proceso conocido como blanqueamiento coralino. El coral expulsa las zooxantelas —algas microscópicas que realizan fotosíntesis—, queda transparente y, de este modo, muestra su esqueleto.

Si el estrés térmico continúa, muere por falta de alimento.

Un informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) afirma que incluso aumentos cercanos a un grado celsius durante varias semanas pueden desencadenar el proceso, y un aumento en la temperatura global de 1,5 grados podría provocar la desaparición del 70 al 90 por ciento de los arrecifes del planeta para el 2050.

Imagen: Proceso de blanqueamiento de los arrecifes de coral – National Ocean Service NOAA

Señales y presiones en Colombia

En el país ya se registran eventos de blanqueamiento en los arrecifes. El Ministerio de Ambiente y el Sistema Nacional Ambiental han emitido alertas en: San Andrés y Providencia, el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo, el arrecife de Varadero en Cartagena, el golfo de Morrosquillo, el Parque Nacional Natural Tayrona, el Urabá chocoano, así como en áreas del Pacífico como Malpelo y Gorgona.

“El aumento de temperatura provoca que los corales expulsen las zooxantelas, lo que genera estrés y daño por radiación solar”, explica Camila Salazar, bióloga marina de Parques Nacionales Naturales de Colombia.

Además del calentamiento, hay otras presiones sobre estos ecosistemas: sustancias provenientes de actividades industriales, agrícolas y urbanas llegan al mar a través de aguas superficiales y subterráneas.

Con ello se debilita su metabolismo y capacidad de recuperación. A esto se suma el turismo costero; el contacto físico de visitantes, el uso de bloqueadores con ciertos compuestos químicos y el anclaje de embarcaciones sobre arrecifes han sido asociados con daños visibles en arrecifes de lugares como San Andrés, Providencia y Cartagena.

El calentamiento global es lo que desencadena estos procesos, y está asociado a emisiones acumuladas a escala planetaria. Cuando estos factores coinciden, la recuperación natural se vuelve improbable.

No obstante, según sostiene Salazar, “si decidimos hacer un consumo responsable y apoyar la industria nacional, reducimos las emisiones asociadas al transporte internacional y contribuimos a la conservación de los corales”.

Estas acciones individuales no retienen por sí solas el calentamiento oceánico, pero reducen la presión acumulada de emisiones que intensifica los eventos de blanqueamiento.   

Lo que está en juego

La desaparición progresiva de los corales implica la pérdida de biodiversidad. Sin estas estructuras naturales, el oleaje impacta con mayor fuerza las zonas costeras y se altera el equilibrio de peces, crustáceos y moluscos que dependen de ellos.

Para comunidades costeras, además, el arrecife forma parte de su economía y de su identidad cultural ligada a la pesca artesanal y al turismo de buceo.

En respuesta al deterioro, científicos y comunidades locales han iniciado programas de restauración coralina. En San Andrés y Providencia, el proyecto Corales de Paz reproduce fragmentos de coral y los trasplanta en áreas degradadas, combinando investigación y participación ciudadana.

La iniciativa ha monitoreado más de 24.800 metros cuadrados, rehabilitando más de 11.000 mediante viveros submarinos.

Estas estrategias muestran que la recuperación es posible, aunque recuperar colonias no equivale a restablecer completamente un arrecife funcional. Los arrecifes crecen unos pocos centímetros por año, lo que se pierde en una temporada de calor extremo puede tardar siglos en formarse.

Lo que ocurre con los corales es una señal ecológica visible de cambios más amplios en el océano y, por extensión, en la estabilidad de las costas y las comunidades humanas que dependen de ellas.

El deterioro de estos ecosistemas anticipa transformaciones que ya empiezan a medirse en biodiversidad, economía local y protección litoral. Lo que hoy se observa como pérdida de color podría convertirse en una reconfiguración profunda de los mares colombianos.

Para más información de Rizoma
https://www.uniminutoradio.com.co/rizoma/

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

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