En el municipio de Coyaima, al sur del departamento del Tolima, la educación y el compromiso comunitario están marcando una diferencia significativa en la vida de cientos de familias. Gracias al programa de inmersiones sociales de UNIMINUTO, estudiantes y docentes que viajan a territorios apartados para compartir sus conocimientos y aprender de las comunidades. Uno de esos procesos se desarrolla en la vereda San Miguel, donde la fundación Native Dreams (Sueños Nativos) lidera iniciativas en conjunto con jóvenes voluntarios.
Educación para transformar la vida
César Ramírez, líder comunitario y fundador de Native Dreams, comenta que los primeros voluntarios llegaron desde ciudades como Cali e Ibagué, con propuestas diversas que van desde el arte hasta las matemáticas, “La primera joven que vino de Cali se involucró con todos, organizamos actividades para los niños; luego llegó la profesora Daniela con proyectos de arte, y ahora Angie, que trabaja fuerte con las matemáticas. Cada uno ha dejado una huella distinta en nuestra gente”, explica Ramírez.

Comunidad que acoge y aprende
En San Miguel, la comunidad indígena y campesina ha recibido con gratitud a los estudiantes de UNIMINUTO, integrándolos en su vida cotidiana, “A los estudiantes que llegan siempre les decimos que se sientan como en casa, porque nosotros ya vivimos esa experiencia. Los acogemos como hijos, y aunque haya poco, ellos también aprenden: desde ver nacer un cerdo hasta sembrar una planta”, cuenta Ramírez con orgullo.
El impacto no solo se refleja en los niños y jóvenes, también en los adultos. Las familias han fortalecido su tejido social y reconocen el valor de estos acompañamientos, “La comunidad se siente agradecida con un gesto, un abrazo, una sonrisa. Eso es muy importante, porque ellos no solo vienen a enseñar, también se van aprendiendo”.
El origen de la fundación Native Dreams también está marcado por la resiliencia. Ramírez recuerda que todo surgió tras una experiencia familiar difícil, “Hace 15 años tuvimos un problema médico grave. Fue un milagro, una segunda oportunidad. De ahí nació la idea de devolver algo de lo que habíamos recibido”.
Su hijo, egresado de UNIMINUTO y hoy comunicador social – periodista, fue quien inspiró y orientó la creación del proyecto. Actualmente, él trabaja en la Secretaría de Cultura del municipio, y sigue vinculado a las iniciativas de transformación social en la región.
Servir como propósito de vida
El líder comunitario resume la experiencia con una frase sencilla pero contundente: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. Para él, esa máxima explica por qué abrir las puertas de su comunidad a los estudiantes ha sido tan valioso.
“Ellos se involucran tanto en el proceso que muestran un carisma y una dinámica especiales. No solo transforman la vida de los chicos, sino que también integran a los padres y a los jóvenes en la construcción de un futuro mejor”, afirma.
Con experiencias como la de Coyaima, las inmersiones sociales de UNIMINUTO reafirman que la educación y el servicio son motores de cambio capaces de unir a la academia con las comunidades más apartadas del país.








