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[Reseña] Boxeo en la Calle: cuando el público se sube al ring

Por: Juan David Quevedo

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En el marco de la programación cultural del FIAV 2026, que reúne alrededor de 150 obras gratuitas en distintos espacios de la ciudad, se presentó Boxeo en la calle, propuesta de teatro callejero de Nueva Zelanda, función que tuvo lugar en el Parque de la Independencia.

Dirigida e interpretada por Fraser Hopper, la obra rompe la barrera entre quien actúa y quien observa. Desde el inicio, el actor propone un lenguaje sin palabras: no habla en ningún momento, solo se comunica con gestos, miradas y silbidos, lo que hace que el contenido se entienda de forma intuitiva. La única palabra que pronuncia es “gracias”, al final de la presentación.

Uno de los primeros momentos ocurre cuando invita a un niño a participar en un juego con globos. A través de mímica, intenta indicarle que debe realizar ciertos movimientos con el cuerpo; al inicio el niño no entiende, pero luego de varios intentos y de risas del público comprende y comienza a seguir las indicaciones. El actor le pone globos en los brazos, las piernas y las axilas, y luego le sugiere, con un gesto de apertura, que se expanda como una estrella. Cuando el niño lo hace, los globos salen volando, un momento inesperado y divertido.

Más adelante integra a tres personas en una escena con un pato a control remoto. Sin darles instrucciones, solo con gestos, les plantea la situación, lo que genera dudas al principio. Una de las personas entiende que debe perseguir al pato, mientras las otras no reaccionan de inmediato. Esta diferencia en las reacciones hace que la escena sea interesante y espontánea.

Luego se queda con una de las personas a la que le pone un accesorio en forma de pez. A partir de ahí desarrolla una escena de pesca. Al inicio, ella permanece sentada sin saber qué hacer, mientras el actor insiste con la mirada y los gestos. Finalmente, ella se levanta, entra en un círculo marcado en el suelo y empieza a moverse como si estuviera en el agua. Cuando el actor simula atraparla, ella como respuesta decide sentarse, cerrando la escena de una forma sencilla pero coherente con lo que había interpretado.

El momento cumbre llega con la simulación de una pelea de boxeo. El actor convoca a varios hombres de apariencia fuerte y los ubica como un ring humano para delimitar el espacio de combate. Luego integra a otra persona que asume el papel de contrincante.

Fotografia: Boxeo en la Calle

La escena es más llamativa cuando otra persona se encarga de hacer los efectos de sonido de los golpes. Sin embargo, como no tiene una buena visión, los sonidos no siempre coinciden con los movimientos, lo que genera momentos de desajuste que el actor aprovecha con humor. Durante la pelea utiliza recursos simples pero efectivos, como un globo rojo para simular los golpes y agua que expulsa en el momento exacto para dar la sensación de impacto.

Hopper aparece con guantes de gran tamaño y una estética que recuerda a los boxeadores de décadas pasadas. Recorre el espacio, sube escaleras y, en todo momento, invita a reaccionar con gestos, como si se tratara de una pelea real. Incluso situaciones cotidianas, como la llegada de personas durante la función, son incorporadas de manera natural para generar cercanía y conexión.

Boxeo en la calle es una obra construida colectivamente, porque quienes observan también actúan, deciden, dudan, se equivocan y se ríen. Fraser Hopper crea una experiencia cercana, divertida y diferente, donde cada presentación es única, y donde el teatro se vive más allá del escenario.

Fotografia: Boxeo en la Calle

| Nota del editor *

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