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[Reseña] La dignidad en la vida infausta del negro Apolinar. Una novela de León Valencia

Por: Karen Suárez

La novela de León Valencia, La vida infausta del negro Apolinar publicada el 24 de junio de 2025 por Editorial Planeta, transforma una historia individual en espejo de una realidad colectiva atravesada por la exclusión, la corrupción, la violencia simbólica y las fracturas sociales que han marcado a Colombia, encarnadas de manera contundente en el racismo estructural. Más que narrar el destino de un personaje, el autor construye un retrato de las fuerzas históricas y sociales que condicionan su caída, o su resistencia, obligando al lector a preguntarse cuánto de ese sino trágico pertenece al individuo y cuánto al sistema que lo rodea.

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Una obra que interpela desde sus primeras páginas. Su narrativa, íntima y profundamente humana, sumerge al lector en la relación entrañable de dos amigos que rozan la hermandad, separados por las circunstancias, por los daños y por los dolores acumulados, inevitablemente reunidos por esas mismas heridas que los constituyen. En una tensión entre distancia y reencuentro, la novela encuentra una de sus fuerzas más conmovedoras.

Son múltiples los temas que atraviesa la obra, narrada a doble voz por León Valencia y por Apolinar Mosquera. Tras más de veinte años de silencio, ambos retoman el diálogo en medio de la coyuntura del COVID-19, un tiempo que llevó a muchos a buscar refugio en la memoria ante la incertidumbre y la complejidad del presente. En ese contexto, esta novela epistolar se erige como un testimonio conmovedor del poder transformador de la amistad, de los amores que sostienen y también de los dolores que, inevitablemente, configuran la experiencia de vivir.

Apolinar no está construido como héroe ni como mártir. Es, ante todo, un hombre atravesado por su tiempo y por las marcas que la historia imprime en el cuerpo y en la conciencia. Su recorrido vital, desde el abandono de su padre hasta la violación que sufre su esposa, revelan cómo las oportunidades negadas, los dolores de quienes amamos que terminan por volverse propios y los prejuicios heredados, van configurando un destino que parece inevitable, y en mayor parte, doloroso.

Sin embargo, la novela no se agota en la tragedia. En medio del dolor y del temor emergen gestos mínimos, pero profundamente significativos en una dignidad arraigada en el amor. No se trata del amor romántico, sino de los múltiples amores que atraviesan la vida de Apolinar, la lealtad que lo une a Valencia en una amistad que resiste el paso del tiempo, el vínculo filial que lo impulsa a honrar a su padre y a su abuela, cuidándolos y preservando sus tradiciones hasta el último aliento, el arraigo a su tierra, el amor por el mar, por la danza y por su propia piel.

De ese entramado afectivo nace también su compromiso colectivo y social, que lo conduce a participar en la gestación de un movimiento sindical, impulsado en parte por las personas que marcaron su camino, entre ellas un obispo blanco que lucha por la comunidad negra, desdibujando así las barreras de religión y de etnia, y también por su relación con su primera esposa, Sara, que lo acompaña con sabiduría incluso frente a los prejuicios que recaen sobre una pareja conformada por una mujer blanca y un hombre negro. La novela deja una huella clara, las luchas nacen del dolor, sí, pero se sostienen y adquieren sentido en el amor por aquello que se defiende.

Es cierto que la lectura puede tornarse por momentos densa, incluso exigente, debido a la ausencia de pausas marcadas, no hay un solo punto y aparte que aliviane el ritmo; Sin embargo, esa decisión formal encuentra su justificación en la propia naturaleza del relato, dos amigos que, tras años de silencio, reconstruyen sus vidas a través de correos electrónicos, acortando la distancia temporal y física con una intensidad que no admite interrupciones.

Porque cuando uno se reencuentra con viejos amigos y, sobre todo, con viejos dolores, no existen pausas medidas ni discursos contenidos. Es más bien como un volcán que no sabe contenerse, que necesita expulsar la lava acumulada para no quebrarse por dentro. La conversación entre ambos se convierte así en una erupción de recuerdos que, además de delinear sus trayectorias personales, permiten al lector asomarse a episodios decisivos de la historia de Colombia y comprender, desde la intimidad de estas vidas, el país profundamente atravesado por la violencia en el que habitamos.

Es una obra marcada por encuentros y despedidas, por la búsqueda del otro y, en paralelo, de uno mismo. El relato de Apolinar y de Valencia, en su danza incesante hasta el final, no representa únicamente la historia de dos amigos, sino la de dos hombres que luchan por sí mismos y por los demás, que intentan sanar mientras se quiebran una y otra vez. A lo largo de sus páginas se hace visible cómo ciertas heridas persisten y se transmiten, casi sin querer, de generación en generación, como ocurre en la vida de Sara y en la del propio Apolinar. Sin embargo, la novela también pone en primer plano la potencia del perdón y la valentía de la apertura al reencuentro. Ese reencuentro que permite narrarnos, resignificarnos y reconocernos en el otro, lo que se convierte, finalmente, en uno de los mayores regalos que esta obra ofrece al lector.

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

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