Silvio Rodríguez: Diario de un trovador es un recorrido fotográfico, narrativo y emocional por la década reciente de uno de los cantautores más importantes de la lengua española. Daniel Mordzinski el llamado “fotógrafo de los escritores” retrata a Silvio Rodríguez en los paisajes esenciales que han marcado su obra: sus giras internacionales, sus recitales en Cuba, sus encuentros con otros creadores y su vida en familia.
Desde San Antonio de los Baños, el pueblo que lo vio nacer, hasta los grandes escenarios del mundo, las fotografías de Daniel entran en diálogo con los textos de Silvio, algunos tomados de su diario personal, creando un fértil diálogo artístico. Un libro imprescindible para todos los amantes de la música, la fotografía y la palabra. Un talismán para quienes saben que la poesía, el amor y las utopías son armas cargadas de futuro.

“Mi interés por la fotografía es de lo más común: cuando yo era niño, muy poca gente poseía una cámara. La primera vez que vi una fue en el estudio del fotógrafo de San Antonio de los Baños, Carlos Núñez, que con el tiempo se convertiría en un relevante fotorreportero. Después, en la adolescencia, tuve la suerte de trabajar en diferentes publicaciones y de conocer a excelentes fotógrafos. En el semanario Mella fui compañero de Ernesto Fernández y de Peroga; en la revista Venceremos de Andrés Vallín y de Ovidio Camejo; en Verde Olivo de Perfecto Romero, de Sergio Canales, de Eutimio Guerra, de Juan Luís Aguilera.
Fui vecino de Mario García Joya (Mayito) y de María Eugenia Haya (Marucha) durante 18 años. Y, hasta que falleció, fui amigo de Alberto Korda. La verdad es que he tenido la suerte de conocer a fotógrafos muy buenos. De cada uno y de todos fui aprendiendo a querer y a interesarme por la fotografía y, por supuesto, por las cámaras Lo anterior, dicho en una entrevista de 2019, explica, un poco el porqué de estas palabras como introducción a un libro de fotografías de Daniel Mordzinski (a pesar de que el objeto de las mismas sea yo). Lo cierto es que Daniel es un fotógrafo con una imaginación poco común, lo que ha quedado explícito en su extraordinario catálogo con autores literarios de la talla de Cortázar, Borges, García Márquez, Vargas Llosa, Luis Sepúlveda y de cubanos como Fina García Marruz, Cintio Vitier, Roberto Fernández Retamar, Eduardo Heras León, Senel Paz y otros.

Daniel, aplicado e intenso, hizo fotos de giras y de encuentros en diversos lugares del mundo y un día nos sorprendió con esta idea generosa. Consciente de que era un privilegio, puse debajo de sus fotos detalles de mi diario e inventé otros, porque las imágenes pueden convertirse en ficción según la distancia y el tiempo.
Recuerdo que un día íbamos Niurka y yo por la Plaza de la Bastilla (París), buscando una heladería, y me pareció ver a Daniel a lo lejos, cruzando una calle. Grité su nombre y… ¡era él! Unos minutos después, en un zaguán que queda al lado de la heladería, le hice una foto que, según he visto, ha usado para identificarse. Eso sólo lo hace un buen amigo, siendo el fotógrafo extraordinario que es Daniel. Deduzco, por lo tanto, que este libro viene a ser como la canción que le tocaría hacerme, después de aquella foto. Es obvio que salí ganando. Gracias, Daniel”








