Internacional
20 de marzo de 2026 – El Día Internacional de la Felicidad fue proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la resolución A/RES/66/281, aprobada el 28 de junio de 2012. La resolución reconoce que la búsqueda de la felicidad es un objetivo humano fundamental y exhorta a los Estados a incorporar el bienestar en sus políticas públicas.
La fecha del 20 de marzo se estableció para celebrar anualmente esta jornada desde 2013, con el propósito de dar visibilidad a la importancia del bienestar en el desarrollo humano y en la formulación de políticas públicas. La ONU promueve que el crecimiento económico vaya acompañado de medidas que favorezcan la felicidad y la calidad de vida.
La iniciativa se inspiró en experiencias y enfoques que priorizan el bienestar por encima de indicadores puramente económicos. Bután, por ejemplo, introdujo desde la década de 1970 el concepto de Felicidad Nacional Bruta como alternativa al PIB, y esa filosofía influyó en el debate internacional sobre medir el progreso humano. Además, la propuesta contó con el impulso de activistas y asesores que promovieron la inclusión del bienestar en la agenda global.
La resolución de la ONU pide a gobiernos y organizaciones que inviertan en condiciones que favorezcan la felicidad mediante la defensa de los derechos humanos, la inclusión social y la incorporación de dimensiones de bienestar y medio ambiente en los marcos políticos, vinculándolas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El objetivo es que la felicidad deje de ser vista como asunto privado y pase a formar parte de las prioridades públicas.

La proclamación fue impulsada por actores de la sociedad civil y asesores que trabajaron con la ONU; entre ellos se menciona a Jayme Illien, quien promovió la idea de medir el bienestar y llevó la propuesta a instancias internacionales, contribuyendo a que la Asamblea General adoptara la resolución.
El Día Internacional de la Felicidad no es solo una efeméride simbólica: busca estimular políticas públicas —educación, salud mental, empleo digno, protección social y medio ambiente— que permitan condiciones reales para el bienestar. Celebrarlo implica recordar que el progreso debe medirse también por la calidad de vida de las personas.








