Los sistemas sociales y sus gobiernos tienen transformaciones desiguales, corrupción y violencia que sustentan con ideologías que al final, perjudican a una mayoría que solo hace parte del juego del poder, cuando la memoria de quienes sobreviven a estas imposiciones son quienes realmente cargan la memoria de esos momentos.
Aún es de noche en Caracas es un retrato íntimo y descarnado de la descomposición social de muchos lugares del mundo, en este caso en Venezuela y su historia reciente, donde las directoras Mariana Rondón y Marité Ugás trasforman la adaptación de La hija de la española en un thriller emocional que combina duelo, memoria y resistencia cotidiana.

La película se sostiene en la mirada de Adelaida, una sobresaliente Natalia Reyes, que tiene la cinta sobre sus hombros con 1 hora y 37 minutos de duración, en un cuerpo que encarna la fractura de un país y la imposibilidad de escapar del colapso, mostrando una perspectiva de la historia que muchos niegan.
Basada en La hija, novela de la española Karina Sainz Borgo, la película sitúa la historia en el clima político y social de Venezuela en 2017, cuando la dictadura se imponía. En este contexto, la muerte de Aurora, madre de Adelaida, es el detonante narrativo, que inicia un duelo íntimo entrelazado con el caos colectivo en Caracas que se muestra como un espacio de encierro y amenaza, donde la protagonista queda atrapada en una ciudad que se desmorona entre represión y violencia.
Rondón y Ugás cuentan una historia que parece una crónica política, pero Adelaida la enfoca en lo humano y en cómo los personajes tienen que ver con ella, surtiendo el relato directamente hacia su experiencia y sumándole fuerza a su personaje respecto de cómo cierra la película, una interesante tensión por medio de la imagen de la cámara que se convierte en un testigo más del tortuoso recorrido y del duelo, y la dolorosa aceptación de no poder ser, de no poder estar y de no poder pertenecer donde sus costumbres, su madre y el mar la vieran nacer, que lo convierten en un thriller de supervivencia.

Las atmósferas nocturnas propuestas por la dirección, profundamente opresivas, refuerzan la sensación de encierro, mientras la ciudad se convierte en una cárcel más grande, y en un personaje hostil, que cambia sus maneras y su personalidad de lo que un día fue amable a una inquisidora, llena de muerte en cada esquina, para mostrar, gracias al montaje que alterna momentos de intimidad que se alimentan de desesperación con estallidos de violencia, con un ritmo que transmite la tensión constante y le da buena forma al concepto de Aún es de noche en Caracas.
Además del duelo y de la memoriacomo temas que abren la película en su narrativa, la pérdida de la madre es metáfora de la pérdida de país que intenta resistir a esa nueva cotidianidad, cuando la protagonista debe enfrentarse a la invasión de su propio hogar por mujeres leales al régimen, que simboliza la fragilidad de lo privado frente al poder político, su entrada al doloroso proceso de desarraigo y de la separación a pocos de la persona que construyó toda su vida.

Este enfoque propone otro subtema desde Adelaida como el exilio interior, que aunque planea huir, la película enfatiza en la imposibilidad de escapar de la violencia, incluso en el espacio íntimo, y la memoria se presenta como un acto subversivo en un contexto donde el olvido es impuesto por la represión.
La actriz colombiana Natalia Reyes ofrece una interpretación contenida y visceral, transmitiendo el desgaste físico y emocional de una mujer que carga con la soledad, el miedo y sus transformaciones forzosas dentro de la supervivencia en cada silencio y cada gesto, en una declaración política de cómo la búsqueda de poder no respeta nada ni a nadie.

La película logra un equilibrio entre testimonio social y relato personal, una mirada que interpela a quienes conocen la crisis venezolana y a espectadores externos.
Aún es de noche en Caracas es una obra de resistencia, donde la noche no solo es metáfora del colapso, sino del silencio impuesto y de la memoria que insiste en sobrevivir. Una película que le suma a la memoria latinoamericana, que recuerda que lo que pasa en uno de sus países, resuena en la región, para mal o para bien. Juzguen ustedes.









