Hay una escena que define a Alejandro Gaviria mejor que cualquier currículum. En 2023, cuando el presidente Gustavo Petro presentó su reforma al sistema de salud, cuatro ministros de su propio gabinete firmaron un documento interno expresando sus reservas técnicas. Uno de ellos era Gaviria, el ministro de Educación. Días después, Petro los sacó del gabinete en cadena televisada. El episodio reveló algo esencial del personaje: es un hombre que prefiere la incomodidad del análisis honesto al confort del aplauso fácil, incluso cuando eso le cuesta el cargo.
Esa misma disposición atraviesa Contra el fanatismo: ensayos para una Colombia posible (Ariel, 2026), su libro más reciente y, quizás, el más oportuno de su carrera. Publicado semanas antes de las elecciones presidenciales del 31 de mayo, no llega a sumarse al ruido del debate electoral, sino a pedirle a sus lectores que bajen el volumen y piensen.
¿Quién es Alejandro Gaviria y por qué vale la pena leerlo?
Nacido en Santiago de Chile en 1966 y criado en Medellín, Gaviria es ingeniero civil de la Escuela de Ingeniería de Antioquia, magíster en Economía de la Universidad de los Andes y doctor en esa misma disciplina de la Universidad de California en San Diego. Ha sido investigador del BID, consultor del Banco Mundial, subdirector del Departamento Nacional de Planeación, decano de Economía en los Andes, rector de esa misma universidad y, sobre todo, ministro de Salud durante los seis años del gobierno Santos —la cartera más técnica, más impopular y más gratificante de ese período—, donde reglamentó el cannabis medicinal, redujo el precio de medicamentos y defendió el derecho al aborto bajo presiones que habrían silenciado a cualquier político convencional.
En 2021 renunció a la rectoría de los Andes para lanzar su candidatura presidencial por la Coalición Centro Esperanza. Quedó tercero en la consulta, fue eliminado antes de la primera vuelta, apoyó a Petro en segunda y terminó en su gabinete. Siete meses después, lo echaron por decir lo que pensaba. Ese recorrido —académico, ministro, rector, candidato, ministro otra vez, expulsado por honesto— le da una perspectiva que muy pocos en Colombia pueden ofrecer: la de alguien que ha estado adentro del poder sin perder la capacidad de mirarlo con distancia crítica.
Es también el ensayista más vendido del país en la última década, con más de 50.000 ejemplares acumulados entre títulos como Alguien tiene que llevar la contraria (2016), Hoy es siempre todavía (2018) —donde narró su lucha contra un linfoma que le apareció mientras era ministro—, Siquiera tenemos las palabras (2019) y No espero hacer ese viaje (2022). Contra el fanatismo es, en cierta medida, una reescritura ampliada y actualizada de Alguien tiene que llevar la contraria, pero desde el otro lado de una experiencia política que lo cambió.
El diagnóstico: el fanatismo como parálisis colectiva
El título no es metafórico ni hiperbólico. Para Gaviria, el fanatismo político —la incapacidad de escuchar al que piensa distinto, la certeza absoluta de tener razón, la reducción del debate a insultos y trincheras— no es solo un problema de convivencia sino un obstáculo estructural para gobernar. En una Colombia donde las redes sociales amplifican el odio, donde los candidatos se definen más por lo que rechazan que por lo que proponen, y donde hasta los técnicos son percibidos como enemigos ideológicos, este libro funciona como un llamado a recuperar algo básico: la conversación.
Los doce ensayos del libro se organizan en dos grandes bloques. El primero, que el autor llama Los hechos, es un ejercicio de honestidad incómoda: usando datos y análisis, Gaviria combate lo que llama la “fracasomanía” —esa tendencia colombiana a declarar el país en catástrofe permanente para justificar soluciones radicales—, pero también rechaza el triunfalismo vacío. Colombia progresó durante el primer cuarto del siglo XXI en indicadores de salud, educación y reducción de pobreza, y ese progreso merece reconocimiento. Pero también hay estancamientos profundos y desafíos que ninguna narrativa de borrón y cuenta nueva resolverá. Los efectos multidimensionales de la pandemia, la crisis recurrente del sistema de salud —que Gaviria conoce desde adentro mejor que nadie— y los límites de la movilidad social son examinados sin concesiones a ningún bando.
El segundo bloque, Liberalismo y cambio social, es donde el autor se expone más. A través de lo que llama un “decálogo del reformista escéptico”, Gaviria defiende el humanismo liberal como la única tradición intelectual capaz de sostener una democracia funcional: la defensa del conocimiento frente a la demagogia, la meritocracia matizada frente tanto al elitismo ciego como al igualitarismo irreflexivo, la espiritualidad laica frente al dogmatismo religioso, y el pensamiento de autores como Thomas Piketty y Estanislao Zuleta como brújulas para entender la desigualdad sin caer en el caudillismo.
Lo que hace diferente a este libro
En Colombia hay muchos libros sobre la crisis. Lo que escasea son libros que asuman la incomodidad de decir que el problema no está solo en el adversario. Gaviria no le habla solo a la derecha ni solo a la izquierda: les habla a los dos, y les dice que el fanatismo es simétrico. Que el que destruye instituciones puede ser tan peligroso cuando cree salvar al pueblo como cuando cree salvaguardar el orden.
Hay algo más que distingue este texto: el tono personal. A diferencia de los libros de análisis político que construyen un escudo académico entre el autor y su materia, Gaviria escribe desde la experiencia vivida —el cáncer, la campaña, el ministerio, la expulsión— sin caer en el autoflagelamiento ni en la victimización. Es un libro escrito por alguien que ha pagado el precio de sus convicciones y que insiste, a pesar de todo, en que Colombia tiene salida. No por ingenuidad, sino porque la evidencia, bien leída, apunta en esa dirección.
¿Para quién es este libro?
Para quienes están hartos de la polarización pero no saben cómo articular esa incomodidad. Para quienes votan el 31 de mayo sin encontrar a nadie que los represente del todo. Para quienes gobiernan o aspiran a hacerlo y necesitan que alguien les diga, sin rodeos, cuáles son los límites del voluntarismo político. Y también para quienes simplemente creen que Colombia merece una conversación pública más inteligente que la que tenemos.
En 184 páginas, Gaviria no ofrece recetas mágicas ni un programa de gobierno alternativo. Ofrece algo más escaso: el ejemplo de un hombre que ha gobernado y pensado este país con honestidad, y que todavía cree que eso importa.
Ficha técnica: Autor: Alejandro Gaviria · Editorial: Ariel (Planeta Libros) · 184 páginas · Publicación: febrero 2026








