Desde tiempos inmemorables el ser humano ha imaginado mundos donde todo puede ser moderno y donde la tecnología reina. Mentes visionarias como la de Julio Verne abrieron caminos de mundos infinitos, tanto que la ciencia ficción se convirtió en la hoja de ruta de muchos fenómenos ya presentes y que seguirán gestándose, en una realidad cada vez cercana de estas visiones. Arco, del director francés Ugo Bienvenu, parece ser una de ellas, pero esta película tiene un interesante valor emocional.
También sorprende que Arco es la ópera prima del director franco, que hace de esta fábula animada una combinación de la melancolía de la ciencia ficción clásica con una mirada crítica sobre la memoria, el futuro, el valor y la responsabilidad de nuestros actos, que por simples que parezcan, logran repercutir en nuestro entorno y futuro.

Desde su narrativa, casi ensoñadora, tiene la capacidad de transformar un relato fantástico en una reflexión íntima sobre el tiempo, la pérdida y la fragilidad desde el punto de vista de la sociedad actual, que muestra el futuro dentro de una poética visual llena de poderosos simbolismos para terminar de armar el relato. Bienvenu, proveniente del mundo de la ilustración y de la novela gráfica, traslada su imaginario gráfico minucioso a la animación 2D.
Su estética oscila entre la nostalgia y la desolación, evocando un futuro devastado por el cambio climático y marcado por la repetición de errores históricos que persiguen la humanidad, con la imagen inicial de la inocencia representada en un niño suspendido entre nubes con una capa luminosa, visión que logra una tensión entre deseo y consecuencia, entre el impulso de avanzar y la incapacidad de asumir responsabilidades.

La trama sigue a Arco, un joven viajero en el tiempo varado en el año 2075, y a Iris, una niña que lo ayuda a regresar a casa. Más allá de la aventura, la película es una meditación sobre la pérdida, donde el futuro no se imagina como despliegue tecnológico, sino como un estado emocional, cuya idea principal es una apuesta por la intimidad y la contemplación, con ciertas sensaciones que crean Robot Dreams (2023), o Flow (2024).
Es por eso, que no sorprende que la película ha recorrido festivales como Cannes y Annecy, donde alcanzó el Cristal a Mejor Film, así como nominaciones al Oscar, BAFTA y César, todo como el primer largometraje del director. Sin embargo, su espíritu crítico no garantiza éxito de taquilla, porque siento que la estructura narrativa es contemplativa, que irradia luz desde donde se mire, pero también puede resultar exigente para un público acostumbrado a los ritmos vertiginosos de Hollywood que con frecuencia muestran historias que no dicen nada: Arco es lo contrario.

Arco y Bienvenu como ciencia ficción humanista no ofrecen respuestas fáciles o genéricas para hacer sentir bien al espectador, porque su relato es un espejo de las contradicciones como seres humanos; es un recordatorio de que el futuro se construye sobre las memorias que decidimos preservar o dejar atrás, que merece ser vista con atención pues su verdadero arco narrativo es el que traza entre la memoria y la esperanza del propio espectador. Juzguen ustedes.








