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[Crítica] El guardián último refugio (Shelter): más de lo mismo buscando ser mejor

La más reciente colaboración entre Ric Roman Waugh y Jason Statham, El guardián, continúa forjando esa tradición del thriller de acción contemporáneo que busca equilibrar la espectacularidad física con un trasfondo emocional y político. Waugh, quien ya había explorado la tensión entre individuo y sistema en Shot Caller (2017) y Greenland (2020), aquí propone una vez más un relato donde el héroe fugitivo se convierte en figura de resistencia frente a un aparato de vigilancia omnipresente y un poder escondido detrás del poder.

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Statham interpreta a un exagente marcado por el pasado, cuya misión de proteger a Jessie (Bodhi Rae Breathnach), una niña, lo obliga a salir de su aislamiento. Es difícil de creer hasta no ver la película, que el filme no se limita a la fórmula del Statham de siempre, un hombre duro contra el mundo, sino que introduce matices de vulnerabilidad y dilemas éticos.

El guardián no es solo un protector físico, también es un mediador entre la inocencia y la violencia, entre la memoria personal y la maquinaria detrás de quien forjó un arma asesina hecha soldado, que resalta aspectos que la hacen mejor que las desteñidas entregas anteriores del actor británico como Megalodón (2018), o la ridícula A Working Man (Rescate implacable, 2025).

La puesta en escena se apoya en paisajes insulares y atmósferas lluviosas que refuerzan la sensación de aislamiento, con una buena dirección de escenas de acción como persecuciones y otras secuencias físicas, que por momentos recuerdan la calidad de cintas como La supremacía bourne (2004), donde la naturaleza funciona como espejo del protagonista y su perfil hostil, impredecible, pero también capaz de revelar calma en la tormenta.

Este recurso de densa calma visual conecta con la noción de la imagen/tiempo, en función de que es una película lineal y en constante persecución, que en términos narrativos dialoga con el arquetipo del fugitivo clásico, pero intenta hacerlo desde una perspectiva contemporánea marcada por la paranoia tecnológica y la erosión de la privacidad.

El mayor logro de El guardián es su capacidad de humanizar a Statham, y a mi parecer lo logra por escasos momentos sin perder la contundencia de su presencia física. El actor, conocido por su carisma en la acción, aquí se permite explorar la fragilidad y el peso de la responsabilidad, pero no sale de sus estándares.

El guardián es un thriller que cumple con las expectativas del género, pero que se atreve a introducir una reflexión sobre la vigilancia y la vulnerabilidad del héroe. Waugh reafirma su interés en historias de supervivencia con tensión moral, mientras Statham demuestra que incluso en el cine de acción más convencional, la humanidad puede ser el arma más poderosa. Sin problema tendría la segunda parte en mi lista. Juzguen ustedes.

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

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