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[Crítica] Sin piedad (Mercy): un futuro distópico demasiado cercano

El director kazajo, Timur Bekmambetov, responsable de cintas con estéticas interesantes y atractivas como Guardianes de la noche (2004) o Guardianes del día (2006), donde encontró la mejor forma de contar sus historias, ahora sitúa la acción en Los Ángeles de 2029, donde Mercy, un sistema de inteligencia artificial decide el destino de los acusados sin mediación humana. Chris Pratt interpreta a un detective acusado del asesinato de su esposa, atrapado en una carrera contra el tiempo para demostrar su inocencia. La película plantea una pregunta inquietante: ¿qué ocurre cuando la justicia se deshumaniza y se convierte en un algoritmo?

Mercy tiene aspectos de la estética ciberpunk que recuerda los excesos visuales de Wanted (2008), y de la entretenida Abraham Lincoln: Vampire Hunter (2018), donde apostó por un lenguaje visual saturado de detalles que ahora llena de pantallas, interfaces y caos digital con mucha información, aunque en realidad aparece lo mismo de maneras diferentes.

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Kali Reis stars as Ana in director Timur Bekmambetov’s film MERCY, from Amazon MGM Studios. Photo credit: Justin Lubin © 2025 Amazon Content Services LLC. All Rights Reserved.

Aunque la propuesta resulta atractiva en su primera mitad, con un ritmo frenético y un diseño de producción que disipa todas las vistas a ojos del espectador para hacerlo partícipe, la acumulación de estímulos termina por diluir la tensión narrativa, un espectáculo que deslumbra más por su superficie que por su profundidad.

Luego la cinta se introduce en el thriller judicial y la acción desbordada impulsada por el dilema de si Pratt es culpable o inocente. La acción desmedida se convierte en el único vehículo de la trama, con persecuciones y combates que parecen responder más a la lógica del blockbuster que a la reflexión ética. Rebecca Ferguson aporta solidez en su papel secundario, pero la construcción de personajes se sacrifica en favor de la espectacularidad, limitando su actuación a lo que es capaz de aportar con la presencia en la pantalla.

Rebecca Ferguson stars as Judge Maddox in MERCY, from Amazon MGM Studios. Photo Credit: Courtesy of Amazon MGM Studios

Desde una lectura crítica hacia la construcción social contemporánea, Mercy funciona mejor como una alegoría de la relación con la tecnología que como relato cerrado. Por momentos, la película refleja el miedo contemporáneo a que los sistemas automatizados sustituyan la deliberación humana, y en ese sentido conecta con debates actuales sobre vigilancia, justicia predictiva y el poder de los algoritmos.

Sin embargo, su ejecución ambivalente deja la sensación de que Bekmambetov se queda a medio camino entre la denuncia y el entretenimiento, pues lo que en principio parecía una crítica hacia la IA como justicia, como juez y como verdugo, se convirtió nuevamente en una alegoría al posible funcionamiento consciente de una máquina  y lo necesaria que debe ser para el futuro, al mejor estilo de la propaganda política del cine de Hollywood de la posguerra, señalando que la tierra del Tio Sam fue la gran vencedora y sacrificada de la Segunda Guerra Mundial, lo que es falso.

Actor Kali Reis, director Timur Bekmambetov and actor Chris Pratt on the set of their film MERCY, from Amazon MGM Studios. Photo credit: Justin Lubin © 2025 Amazon Content Services LLC. All Rights Reserved.

En ocasiones el cine ha sido el narrador de la historia y elemento de memoria, pero muchas veces inclinada hacia una idea en particular, sutilidad encubierta de ficción a la que hay que prestarle especial atención en el mensaje final, donde la IA se incrustó en una cotidianidad tan eficaz como silenciosa, y el tema está abierto. 

Sin piedad es un filme que provoca más preguntas que respuestas, donde radican su fuerza y su debilidad. Bekmambetov ofrece un espectáculo visual que interpela al espectador sobre el futuro de la justicia, pero lo hace de manera general, sacrificando matices, aunque logra su premisa de entretener con buena intensidad y un diseño de sonido que le aporta a la trama. Creo que estamos ante una obra que merece ser discutida más que celebrada, un espejo incómodo de nuestra era digital, aunque empañada por sus propios excesos. Juzguen ustedes. 

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

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