Educación, cultura y paz: los pilares de la arquitectura social para la equidad en el Minuto de Dios

El pensamiento del padre Rafael García Herreros sobre el desarrollo integral del ser humano continúa presente en la Obra El Minuto de Dios.

La transformación social requiere una visión integral del ser humano, capaz de reconocer sus dimensiones educativas, culturales, espirituales, económicas y éticas. Esta perspectiva constituye uno de los fundamentos del pensamiento del padre Rafael García Herreros y es el punto de partida de la arquitectura social para la equidad, un enfoque que busca comprender las necesidades de las personas y promover condiciones para su desarrollo integral y sostenible.

Hans Schuster explicó que el fundador de esta obra concebía al ser humano como una realidad multidimensional, cuyo desarrollo debía impulsarse desde diferentes ámbitos de la vida. Aunque el término sostenibilidad no era habitual en la época del sacerdote, Schuster señaló que esa visión ya estaba presente en su pensamiento y en sus iniciativas sociales.

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“Él era un convencido de que la persona, el ser humano, es multidimensional y que el eje de su promoción es el desarrollo integral”, afirmó Schuster al explicar la relación entre esta concepción y los proyectos educativos, culturales, laborales y espirituales que surgieron en el Minuto de Dios.

Uno de los pilares de esta propuesta es la educación, entendida no solamente como un proceso de formación académica, sino como una herramienta para fortalecer la dignidad humana y ampliar las posibilidades de desarrollo. Para Schuster, la apuesta educativa del padre García Herreros estuvo presente desde los primeros años de la obra y se consolidó progresivamente mediante la creación de instituciones destinadas a acompañar las distintas etapas de formación.

“Era un convencido de que el eje del desarrollo integral de las personas era la educación”, explicó. En esa perspectiva, recordó que en 1958 obtuvieron reconocimiento jurídico tanto el colegio como la Corporación El Minuto de Dios, dos iniciativas que marcaron el desarrollo institucional de la obra. Posteriormente, ese camino educativo se amplió con nuevos proyectos y con el surgimiento de UNIMINUTO, concebida como parte de una apuesta de formación que busca articular el conocimiento profesional con el compromiso social.

La cultura constituye otro de los componentes fundamentales de esta arquitectura social. Schuster recordó que el padre García Herreros defendía el derecho de las comunidades con menos recursos a acceder al arte y a las expresiones culturales. Esta convicción se materializó en iniciativas como el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá y los espacios de encuentro artístico que han contribuido a la vida cultural del barrio Minuto de Dios.

El museo, explicó, no debe entenderse únicamente desde sus instalaciones, sino también en relación con el entorno urbano en el que se encuentra. Las obras ubicadas en espacios abiertos y las expresiones artísticas presentes en el barrio permiten acercar el arte a la vida cotidiana de sus habitantes. Además, el museo ha promovido tanto a artistas reconocidos como a nuevas generaciones, entre otras iniciativas mediante exposiciones que reúnen trabajos destacados de estudiantes universitarios de artes plásticas.

El tercer pilar es la construcción de paz, vinculada con el compromiso de reducir las desigualdades y generar condiciones de vida más dignas para las personas. En la conversación radial, Schuster recordó que el padre García Herreros promovía la solidaridad como una responsabilidad colectiva y cuestionaba las diferencias sociales que limitaban las oportunidades de las comunidades más vulnerables.

“Él era un convencido de que todos tenemos que aportar un granito de arena para construcción de paz, es decir, para cerrar la brecha de la inequidad”, sostuvo. Esta visión se relaciona con los primeros esfuerzos del sacerdote para ofrecer soluciones de vivienda a familias que vivían en condiciones precarias y con la construcción del barrio Minuto de Dios, proyecto que comenzó en un sector que entonces estaba conformado principalmente por potreros y terrenos rurales en el occidente de Bogotá.

La educación, la cultura y la paz, por tanto, no funcionan como iniciativas aisladas, sino como dimensiones que se complementan en la búsqueda del desarrollo humano integral. Esta perspectiva también permite comprender cómo los principios de la obra se expresan hoy en proyectos comunitarios que buscan responder a necesidades concretas, especialmente en territorios donde la desigualdad y la violencia dificultan el acceso a oportunidades.

Como ejemplo de esa continuidad, durante el programa se presentó la experiencia de María Isabel Hurtado Carabalí, egresada de UNIMINUTO y fundadora de la Corporación Club de Lectura Mariposas de Amor, que trabaja con niños, niñas y mujeres víctimas de violencia de género en Buenaventura, Valle del Cauca. A través de la lectura, el arte y la cultura, su organización promueve espacios protectores y acompaña la construcción de proyectos de vida, una labor que conecta los principios de formación, inclusión y transformación social con las necesidades de las comunidades.

La arquitectura social para la equidad plantea así una visión en la que el conocimiento, el acceso a la cultura y la solidaridad contribuyen a ampliar las oportunidades y fortalecer el tejido social. Desde el legado del padre Rafael García Herreros hasta las iniciativas que hoy se desarrollan en distintos territorios, el desafío consiste en reconocer la dignidad de cada persona y convertir ese principio en acciones concretas que favorezcan una sociedad más equitativa.

| Nota del editor *

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