El emprendimiento que transforma territorios y construye paz desde Nariño

La construcción de paz también puede cultivarse desde el campo. Esa es la apuesta de Judith Alejandra Ceballos, una abogada oriunda del departamento de Nariño que encontró en el café una oportunidad para promover la transformación social, el cuidado del medioambiente y nuevas alternativas económicas para las comunidades rurales. Su iniciativa, Canabella Café, le permitió obtener en 2024 el Galardón Padre Diego Jaramillo, un reconocimiento que, según afirma, representó un cambio significativo en su vida personal y profesional.

Ceballos nació en Pupiales, Nariño, a 3.150 metros sobre el nivel del mar, y ha orientado su trayectoria profesional hacia la paz y la reforma rural integral. Su formación académica también ha estado vinculada con UNIMINUTO, institución de la que es especialista en Gerencia de Proyectos y donde actualmente cursa la Maestría en Gerencia de la Innovación. Para ella, el desarrollo de su emprendimiento está estrechamente relacionado con la necesidad de generar oportunidades desde los territorios, “Toda la estructura de mi relación profesional ha estado ligada con el territorio y con lo que tiene que ver con la reforma rural integral”, explica.

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Canabella Café surgió hace aproximadamente cinco años con la intención de cambiar la manera en que se entienden algunas plantas asociadas históricamente con los cultivos ilícitos y explorar alternativas productivas desde la legalidad. La iniciativa también tiene un componente personal: la familia de Alejandra fue desplazada por el conflicto armado, “Queríamos hacer un simbolismo respecto de lo que antes se entendía como ilícito y que ahora se puede trabajar desde la legalidad”, señala. En ese contexto, el proyecto incorporó el cultivo de cannabis dentro de su propuesta, con el propósito de explorar sus posibilidades y desarrollar prácticas productivas que puedan beneficiar a las comunidades.

La apuesta ambiental constituye otro de los pilares de Canabella Café. De acuerdo con Ceballos, el proyecto trabaja con tecnologías orientadas al ahorro de agua y desarrolla prácticas de manejo del entorno que buscan favorecer la producción cafetera, “Lo que ustedes se llevan de Canabella es un café que tiene responsabilidad social y ambiental, y una menor huella de carbono. La tecnología que utilizamos está directamente ligada al ahorro de agua: un 95 % menos”, afirma. La emprendedora también destaca la posibilidad de que los consumidores visiten la finca y conozcan directamente los procesos de producción, así como las familias vinculadas con la iniciativa.

El impacto social del emprendimiento se refleja tanto en la generación de empleo como en el aprovechamiento responsable de los recursos naturales. Ceballos explica que, desde hace tres años, cuentan con un reservorio de agua con capacidad reportada de 110.000 litros, que permite disponer de este recurso durante los periodos de sequía. Su ubicación beneficia no solo a la finca, sino también a otras propiedades rurales situadas en zonas más bajas, “Las familias de las fincas que están por debajo de la nuestra también se ven beneficiadas”, sostiene. Esta disponibilidad de agua puede contribuir al sostenimiento de los cultivos, las plantas y los animales, especialmente durante las temporadas de escasez.

La participación de las mujeres también ocupa un lugar central en la propuesta. Durante las temporadas de cosecha, Canabella Café trabaja con al menos 50 personas, de las cuales más de la mitad son mujeres, según la entrevistada. Para Ceballos, reconocer su aporte significa destacar su papel en la economía familiar y en el desarrollo de las comunidades rurales, “Queremos resaltar la labor de la mujer respecto de la economía de los hogares”, explica. Su perspectiva busca ir más allá de los roles tradicionalmente asignados a las mujeres y reconocer su contribución a los procesos productivos y a la transformación de sus territorios.

El Galardón Padre Diego Jaramillo, recibido en 2024, le dio mayor visibilidad a esta experiencia y a las dificultades que enfrentan quienes buscan acceder a la educación desde las zonas rurales. Ceballos recuerda que, mientras cursaba su especialización, vivía en una zona rural de San Vicente del Caguán, donde dependía de la disponibilidad de energía eléctrica y conectividad para asistir a sus clases virtuales. Las limitaciones de infraestructura dificultaban su participación cuando se proponían cambios en los horarios académicos. Por eso, considera que el reconocimiento también permite visibilizar realidades que suelen pasar inadvertidas en las grandes ciudades, “Lo que hizo el galardón fue darme visibilidad, incidencia respecto de lo que puedo hacer, plataformas y espacios como este para levantar mi voz y expresar lo que se siente y las realidades que otras personas, de pronto, no viven o no pueden experimentar”, afirma.

Con Canabella Café, Judith Alejandra Ceballos busca demostrar que el emprendimiento rural puede convertirse en una herramienta para generar oportunidades económicas, promover prácticas ambientales responsables y fortalecer el tejido social. Su experiencia reúne la formación académica, la apuesta por la legalidad y el compromiso con las comunidades de Nariño, con una visión de desarrollo en la que el café representa mucho más que un producto comercial: es también una posibilidad de construir nuevas oportunidades para las familias del territorio.

| Nota del editor *

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