Escucha nuestras emisoras: 🔊 AUDIO EN VIVO |

Escucha nuestras emisoras: 🔈 BOGOTÁ 1430 AM | 🔈 CUNDINAMARCA 1580 AM | 🔈 TOLIMA 870 AM | 🔈 BELLO | 🔈 SOLO MÚSICA

El grupo de WhatsApp que terminó organizando un barrio

Lo que ocurre en La Campiña demuestra que la comunicación no es solo lo que se dice, sino lo que se construye a partir de la misma.

Por Jefferson Alarcón Perdomo

En el barrio La Campiña, comuna doce de Buenaventura, hay algo que ya hace parte de la rutina diaria: el grupo de WhatsApp del barrio. Antes de salir de casa o empezar el día, muchos revisan qué pasó: un mensaje sobre un robo, una discusión entre vecinos, una ayuda urgente que necesita un vecino o una invitación a una minga.

- Patrocinado -

A simple vista, parece solo un intercambio de mensajes. Sin embargo, lo que está pasando ahí va mucho más allá.

Este barrio, fundado en 1993, enfenta durante años problemas de seguridad, vías en mal estado y poca presencia institucional. Sin embargo, hace aproximadamente cuatro años, con la iniciativa del presidente de la Junta de Acción Comunal, Juan Carlos Zárate, se creó un grupo de WhatsApp, llamado “Comunidad Barrio la Campiña”, que cambió la forma en que los vecinos se comunican, resuelven problemáticas y se organizan.

Lo que antes se resolvía a través del voz a voz, carteles en las tiendas o anuncios con megáfono de esquina a esquina, y que en muchas oportunidades simplemente se ignoraba, o no llegaba a toda la comunidad,  hoy se discute en tiempo real, a través del dispositivo móvil . Y ahí aparece algo clave: la comunicación deja de ser solo transmisión de información y se convierte en construcción de realidad.

Como lo plantea Martín-Barbero (1987), la comunicación no se entiende solo desde los medios, sino desde las mediaciones, es decir, desde los procesos culturales y sociales donde las personas le dan sentido a lo que ocurre. En este caso, el grupo de WhatsApp actúa en esta comunidad, como ese espacio de mediación donde los vecinos logran interpretar, debatir y sobre todo actuar sobre su realidad.

Cuando alguien reporta un robo o intento del mismo, no solo informa. Está generando una percepción de inseguridad, activando alertas y motivando respuestas colectivas. O por ejemplo, si un vecino denuncia un problema, no es solo una queja, es una forma de ejercer presión social. Aquí la comunicación también construye poder.

Ese poder tal vez no es institucional, pero sí es real. Es el poder de la opinión colectiva, de la visibilidad y de la reacción inmediata. El grupo se convierte en un escenario donde se reconocen comportamientos y se cuestionan otros.

Pero no todo gira alrededor del conflicto. En el grupo también se refleja algo que históricamente ha caracterizado a las comunidades del Pacífico colombiano: la solidaridad. A través del grupo se organizan ayudas para vecinos en situaciones difíciles, se comparten necesidades y Se movilizan acciones colectivas. Por ejemplo, cuando doña Eulalia Mosquera (Q. E. P. D.), un año antes de morir, recibió múltiples ayudas por parte de los vecinos, luego de que, a través del grupo de WhatsApp, un habitante pusiera en evidencia la situación que atravesaba la solitaria anciana. “Fue algo instantáneo. En menos de media hora, la mujer ya tenía mercado, una nueva cama, medicamentos y ayudas económicas”, señaló el presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio. Otro ejemplo claro son las mingas, donde los habitantes han recaudado dinero para pavimentar calles destapadas, algo que durante años no fue resuelto por las autoridades encargadas.

Ahí es cuando entra otro elemento fundamental: la construcción de identidad.

Planteó Najmanovich (2018), que la comunicación no solo transmite información, sino que produce sentido, y este se construye en la interacción con otros. En La Campiña, el grupo de WhatsApp ha permitido que los vecinos pasen de ser individuos aislados a reconocerse como parte de una comunidad. Poco a poco, desde la creación de ese espacio de comunicación se ha fortalecido el sentido de pertenencia. Las personas ya no solo viven en el barrio, ahora sienten que hacen parte de él. Se preocupan, opinan, participan y actúan.

Lo digital, en este caso, deja de ser algo superficial y se convierte en una herramienta de organización social. Un espacio donde se negocian normas, se construyen acuerdos y se definen formas de convivencia.

Claro, no es perfecto. También hay conflictos, malos entendidos y momentos en los que la comunicación genera tensión. Pero eso mismo demuestra que el grupo no es ajeno a la realidad del barrio, sino un reflejo de ella.

Lo que ocurre en La Campiña demuestra que la comunicación no es solo lo que se dice, sino lo que se construye a partir de la misma. Un grupo de WhatsApp puede ser mucho más que un espacio de mensajes: puede convertirse en una herramienta de organización, de poder y de identidad colectiva. La verdadera pregunta no es qué tan útil es esta herramienta, sino cómo la estamos usando. Porque en contextos donde muchas veces el Estado no llega, la comunidad organizada a través de la comunicación puede empezar a transformar su propia realidad.

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

Otros contenidos

Contenidos populares