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Entre cifras y desconfianzas: qué revelan los números del preconteo y el escrutinio

La MOE reporta una alta correspondencia entre ambos conteos y pide prudencia ante rumores que pueden erosionar la confianza electoral.

20 de marzo de 2026 El informe de la Misión de Observación Electoral (MOE) sobre la diferencia entre el preconteo y el escrutinio en las recientes elecciones arroja un mensaje claro: las variaciones registradas son mínimas y, por ahora, no apuntan a cambios masivos en la asignación de curules. Con un corte que refleja el avance del escrutinio hasta mediados de marzo, la MOE calcula una diferencia global de apenas 0,20 %, una cifra que contrasta con la volatilidad observada en procesos anteriores y que, en términos prácticos, reduce la probabilidad de que el recuento altere de forma sustantiva los resultados anunciados en el preconteo.

El análisis, sin embargo, incorpora una salvedad importante: la votación en el exterior no fue incluida de manera completa en el corte utilizado por la MOE, dado que solo una fracción de esos sufragios había sido escrutada. Esa circunstancia obliga a la prudencia: aunque la tendencia general muestra estabilidad, la incorporación definitiva de los votos en el exterior podría producir ajustes puntuales en circunscripciones específicas. Por eso, la recomendación de la organización es esperar el cierre total del escrutinio antes de sacar conclusiones definitivas sobre escaños concretos.

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Al desagregar los números por fuerzas políticas, el informe registra movimientos modestos que responden a correcciones propias del proceso de escrutinio: algunos partidos ganaron votos en el conteo final, otros los perdieron, pero ninguno experimentó variaciones que sugieran irregularidades sistemáticas. La MOE subraya que estos desplazamientos —en el orden de decenas de miles de votos para las fuerzas con mayor votación— son compatibles con ajustes administrativos y con la revisión de actas que caracteriza la fase de escrutinio.

Otro punto que la MOE aborda con detalle es el fenómeno de las mesas con cero votos para determinadas organizaciones. Lejos de identificar un patrón anómalo, la observación muestra una relación esperable: a mayor volumen de votación total en una mesa, menor es el porcentaje de mesas sin votos para una organización. Esa dinámica, según los expertos consultados por la misión, no respalda la tesis de manipulaciones masivas en el preconteo y se alinea con comportamientos estadísticos habituales en procesos electorales.

Más allá de la aritmética, el informe pone el foco en el terreno comunicativo y político. La MOE advierte sobre la circulación de narrativas no verificadas que, en un contexto de polarización, pueden amplificarse rápidamente y socavar la confianza ciudadana. Por eso hace un llamado explícito a autoridades, actores políticos y medios de comunicación: verificar la información antes de difundirla, evitar declaraciones que puedan interpretarse como uso indebido de la investidura y abstenerse de difundir sospechas sin sustento probatorio. La organización recuerda que la transparencia y la responsabilidad informativa son esenciales para preservar la legitimidad del proceso.

Para la ciudadanía, la lección es doble. En primer lugar, los números disponibles hasta ahora invitan a la calma: la correspondencia entre preconteo y escrutinio es alta y las variaciones observadas se ajustan a lo esperable en una revisión técnica de actas. En segundo lugar, conviene mantener una actitud crítica frente a rumores y versiones parciales que circulan en redes sociales; la verificación con fuentes oficiales —Registraduría, MOE y organismos competentes— es la vía más segura para formarse una opinión fundada.

En el plano institucional, el informe de la MOE sugiere que hay margen para fortalecer mecanismos de comunicación y de rendición de cuentas que reduzcan la incertidumbre en fases sensibles del proceso electoral. Mejorar la claridad en la entrega de información sobre el avance del escrutinio, facilitar el acceso a actas y protocolos y promover canales de diálogo entre autoridades electorales y observadores contribuiría a mitigar la desconfianza y a consolidar la percepción de transparencia.

Mientras tanto, el escrutinio continúa su curso y la recomendación general es esperar a que se incorporen todos los componentes del conteo, incluido el exterior, antes de emitir juicios definitivos. En un país donde la polarización puede convertir cualquier dato en combustible político, la prudencia informativa y la adhesión a fuentes verificadas son, por ahora, las mejores garantías para que los resultados electorales sean aceptados y respetados por la ciudadanía.

| Nota del editor *

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