Ibagué – Tras la intensidad del Viernes Santo, la ciudad entra en un ambiente de silencio y contemplación durante el Sábado Santo, día que recuerda la sepultura de Jesucristo y la espera de su resurrección. Es una jornada marcada por la ausencia de celebraciones eucarísticas durante el día, lo que refuerza el sentido de duelo y reflexión en la comunidad.
En la Catedral Inmaculada Concepción, así como en parroquias tradicionales como San Roque, San José y Nuestra Señora del Carmen, los fieles se reúnen para momentos de oración y meditación. El ambiente es sobrio: las imágenes permanecen cubiertas, los altares sin ornamentos y las campanas en silencio. “El Sábado Santo es un día de recogimiento, pero también de esperanza. Nos recuerda que la fe se sostiene incluso en la espera”, señaló el sacerdote Carlos Alberto Gómez, párroco de San Roque.
La noche marca el inicio de la Vigilia Pascual, considerada la celebración más importante del calendario litúrgico. En ella se bendice el fuego nuevo, se proclama el Pregón Pascual y se leen las lecturas que narran la historia de la salvación. El momento culminante llega con el anuncio de la Resurrección y el repique de las campanas, que rompen el silencio para anunciar la victoria de Cristo sobre la muerte.
En los hogares ibaguereños, muchas familias acompañan la vigilia encendiendo velas y participando en las celebraciones nocturnas. “Es una tradición que nos une y que transmite esperanza a nuestros hijos”, expresó María Fernanda López, feligrés del barrio Belén.
El Sábado Santo en Ibagué es, en definitiva, un puente entre el dolor del Viernes y la alegría del Domingo. Una jornada que reafirma la identidad espiritual de la ciudad y que prepara a la comunidad para recibir con júbilo la Resurrección.








