Ibagué, 9 de marzo de 2026 – En una sociedad marcada por la inmediatez, las redes sociales y el flujo constante de información, el silencio se ha convertido en un recurso escaso. En este contexto, la Cuaresma se presenta como un tiempo de reflexión que invita a hacer una pausa, dejar de lado el ruido cotidiano y reencontrarse con los demás a través de la escucha y la empatía.
Tradicionalmente, este periodo del calendario cristiano se asocia con el sacrificio y la abstinencia. Sin embargo, más allá de estas prácticas, la Cuaresma también propone un ejercicio interior: detenerse para reflexionar sobre las relaciones humanas y la manera en que las personas se comunican en medio de las distracciones del mundo actual.

Una pausa en medio del ruido cotidiano
La vida diaria está rodeada de “opiniones, afanes y notificaciones”, elementos que muchas veces saturan la atención y dificultan la conexión con los demás. Frente a este panorama, la Cuaresma invita a recuperar el valor del silencio como una oportunidad para escuchar con mayor atención y fortalecer los vínculos con quienes nos rodean.
Más que un silencio externo, se trata de una disposición interior que permita abrir espacio al diálogo, la comprensión y la reflexión personal.
Escuchar como un acto de empatía
Dentro de este proceso, la escucha adquiere un papel fundamental. Escuchar con atención, sin interrumpir ni juzgar, se convierte en una forma de acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles.
Así, la Cuaresma no solo invita a prácticas individuales de reflexión, sino también a fortalecer la empatía y la presencia hacia los demás, reconociendo que muchas veces el simple hecho de escuchar puede convertirse en uno de los gestos más significativos de apoyo y solidaridad.








