El sonido, que habitualmente acompaña producciones audiovisuales, películas y proyectos de comunicación, adquirió un significado diferente para Laura García durante las labores de búsqueda y rescate en Pereira. La investigadora sonora y educadora popular puso sus conocimientos, su experiencia y sus equipos al servicio de los organismos y voluntarios que trabajaban para encontrar personas en medio de los escombros. Una experiencia que, más allá de su aporte profesional, estuvo marcada por la solidaridad y el dolor de una tragedia que afectó a su propia tierra.
García, quien vive en Manizales, es oriunda de Pereira y tiene vínculos familiares con la ciudad. Cuando ocurrió la emergencia, su cercanía con el territorio y su formación profesional se convirtieron en razones para sumarse a las labores de apoyo, “Haber podido estar ahí, en mi tierra, aportándole a este lugar donde nací, era una tarea que había que hacer”, afirmó al recordar su participación en la operación.
Su trabajo está relacionado con la investigación sonora, la educación popular y la construcción de paisajes sonoros. Desde estos campos, ha enseñado a comunidades académicas y vulnerables a utilizar el sonido como herramienta para comunicar proyectos e ideas, además de documentar las características acústicas de diferentes entornos. Sin embargo, durante la emergencia en Pereira, sus conocimientos adquirieron una aplicación directamente relacionada con la búsqueda de personas, “Entrábamos con el topo hasta donde se podía. El topo llegaba mucho más profundo con los cables que nosotros le proporcionábamos y ubicaba el micrófono en el lugar donde se presumía que podía haber vida. Allí se hacían varios llamados y se esperaba la respuesta”, explicó García sobre el procedimiento utilizado durante las labores de búsqueda.
La operación exigía equipos adecuados, coordinación y una escucha cuidadosa. Las señales que buscaban podían ser extremadamente débiles, por lo que el silencio en la zona era fundamental para evitar interferencias. Además de facilitar los equipos, los sonidistas orientaban a quienes ingresaban con los dispositivos para obtener registros que permitieran identificar posibles respuestas desde el interior de las estructuras colapsadas, “Esa respuesta podía ser algo muy sutil. Por eso, además de colocar el micrófono, también capacitábamos a los topos sobre cómo hacerlo. Les indicábamos que, por favor, no respiraran, no se movieran y no fueran a contaminar la muestra. Al mismo tiempo, nosotros estábamos escuchando”, relató la investigadora, quien destacó la importancia de reducir al máximo los sonidos que pudieran dificultar la identificación de señales.
Las condiciones de trabajo también estaban determinadas por el tiempo disponible para ingresar a las zonas afectadas. Según García, el apoyo de los organismos de socorro y las restricciones para acceder a determinados puntos obligaban a aprovechar cada oportunidad para obtener registros de calidad, “Había que tratar de conseguir las mejores muestras posibles en el menor tiempo posible. Por eso era necesario tomar tantas precauciones”, señaló.
Aunque su participación recibió expresiones de agradecimiento, la sonidista aseguró que su motivación principal no fue obtener reconocimiento, sino contribuir desde sus capacidades a la atención de la emergencia, “Yo no lo hice esperando un reconocimiento. Lo hice porque, como todos o como muchos, queríamos aportar desde donde fuera. Si existía la oportunidad de contribuir desde nuestro oficio, pues mucho mejor”, manifestó. También explicó que, de no haber sido necesaria su experiencia profesional, habría estado dispuesta a colaborar en otras tareas de asistencia.
Su reflexión, no obstante, está atravesada por la tristeza de recordar el contexto en el que se desarrolló el trabajo. Para García, los reconocimientos a quienes participaron en las labores de apoyo no pueden separarse de las consecuencias humanas de la tragedia ni de las dificultades que enfrentaron durante la búsqueda. También considera necesario que las capacidades de los profesionales del sonido sean tenidas en cuenta en futuras emergencias, “Nosotros también tenemos equipos especializados. Los equipos que ellos tenían eran muy buenos y ellos son muy buenos en lo que hacen, pero nosotros también teníamos nuestros oídos y esa es una capacidad que no se tuvo en cuenta”, expresó al referirse a la importancia de integrar diferentes conocimientos y herramientas en las operaciones de rescate.
La experiencia de Laura García evidencia una aplicación del sonido que va más allá de los escenarios habituales de la producción audiovisual. En una emergencia, escuchar puede convertirse en una tarea decisiva, siempre que exista una operación coordinada y que las señales obtenidas sean evaluadas por los equipos responsables de la búsqueda. Su participación también deja una reflexión sobre el valor de las capacidades profesionales y la disposición de quienes deciden ponerlas al servicio de los demás en los momentos más difíciles.








