Lo que el uniforme no cuenta

El turno transcurría en el Parque Centro de Felicidad las cometas Parque del indio, en la localidad de Suba, donde todo iba normal como cualquier otro día de trabajo para Keynnis Pahola Bermejo Garizabalo, que cumplía con sus labores como guardia de seguridad. Al llegar la media noche ocurrió una situación inesperada que cambió el rumbo de aquel día: Keynnis, junto a sus compañeros de turno encontraron colgada sin vida a una persona de género masculino.

Por: Paula Valentina Palomino Bolívar

Aquella experiencia para Keynnis se convirtió en uno de los recuerdos que más la han marcado durante los siete años como guardia de seguridad, una escena que hace parte de las experiencias que ha tenido detrás de un uniforme que para muchos solo es eso, que para ella representa cuidar a otras personas de cualquier peligro. También significa enfrentarse a situaciones que no puede controlar, como aquel joven que se ahorcó, una escena difícil de olvidar, que la llena de tristeza cada vez que la recuerda, porque piensa en la posibilidad de haber podido evitar esta tragedia.

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El trabajo de Keynnis no se limita a caminar un lugar o a permanecer atenta a lo que pueda suceder: su oficio la ha llevado a encontrarse situaciones inesperadas, como cuando la han asustado donde trabaja actualmente. Cuando habla de lo que más disfruta de ser guardia, recalca la protección de los niños y adultos que a diario recorren el parque, pues siente la responsabilidad de cuidarlos y que todo esté bajo control.

Pero detrás de ese uniforme hay una historia que comenzó lejos de Bogotá: Keynnis tiene 31 años, nació en Santa Marta, pero antes de llegar a Bogotá vivió en La Guajira. Llegó al centro del país junto a su pareja y allí inició una etapa de su vida, marcada por cambios como dejar su lugar de origen, su anterior trabajo y tal vez otras oportunidades.

Antes de convertirse en guardia de seguridad, Keynnis trabajó en cultivos de flores, una vida laboral marcada por la exigencia de esfuerzo físico. Mientras estuvo en el lugar donde creció, llegó a trabajar con hombres echando pico y pala en el campo. Cuando se interesó por el oficio de guarda de seguridad, decidió realizar el curso que exigían para hacer parte de la empresa ANDISEG. Después de completar su formación, comenzó a trabajar con esta empresa donde lleva siete años.

Tal vez para muchos siete años no significa nada, pero para ella significan esfuerzo, experiencia, cansancio y muchos turnos, unos buenos y otros no tanto. Pero para ella hay aprendizajes, porque cada jornada le recuerda qué significa ponerse el uniforme, asumir la responsabilidad de portarlo y cumplir con su deber de brindar protección, hecho que resalta porque siente que hace algo bueno que le aporta a la sociedad, lo cual le da sentido para seguir en este oficio, aunque eso implique exponerse en todo momento.

Reconoce que su trabajo es de muchos sacrificios, por eso para ella el uniforme tiene un valor importante en lo que hace, pues asegura que muchas personas no se imaginan los riesgos que afronta día a día, con mayor razón por ser mujer. Aun así, intenta transmitir buena energía y que las personas se sientan seguras de entrar a un boscoso parque ubicado en una montaña. Ha tenido la oportunidad de hablar con distintas personas que suelen concurrir al parque, que enfatizan en su enorme tamaño, que por su gran cantidad de árboles suele ser peligroso, por personas que aprovechan para robar o para cometer actos vandálicos como dañar mobiliario del parque o hacer grafitis en distintas zonas.

Para Keynnis la infancia es una etapa que rememora con frecuencia: una de las cosas que más recuerda es cuando jugaba fútbol después de salir de la escuela, pues no tenía preocupaciones, solo pensaba en que llegara la tarde para irse a jugar, sueños que quedaron en una cancha llena de polvo y sonrisas, aunque nunca olvida que el deporte ocupó un espacio importante en su niñez.

Pero esta etapa también estuvo acompañada por una situación familiar que marcó su vida para siempre. Toma aire y comienza a contar que durante un tiempo de su infancia tenía que esconderse de sus padres por ser lesbiana, y no recibió su apoyo. Esta experiencia hizo que una parte de su vida estuviera oculta ante su propia familia por largo tiempo. Fue pasando el tiempo, y mientras su familia la iba aceptando, ella y su pareja pensaban cómo irse y tener mejores oportunidades para sus vidas.

En el momento cuando tomaron la decisión de dejar todo atrás y tomar rumbo a Bogotá, tenían miedo, pero sabían que podrían encontrar una vida mejor, aunque solo serían ellas dos; hoy en día viven en la localidad de Suba, sacando adelante un hogar, que a pesar de rechazos y obstáculos la hace feliz, porque tiene lo que algún día soñó. Su historia permite mirar el oficio como guardia de seguridad desde otra perspectiva, porque detrás de un uniforme existe una persona que lucha por salir adelante, que muchas veces ha tomado decisiones difíciles para construir algo diferente.

Imagén: Diana Mireya Sánchez Sanabria

Así es como Keynnis, después de siete años, continúa portando el uniforme, con una historia que queda en los lugares que recorre a diario en su trabajo, y en aquello que tuvo que atravesar para llegar a lo que es hoy. Se siente orgullosa de lo que ha logrado.

Afirma que algo que le diría a esa misma mujer de hace siete años cuando tuvo interés por este oficio, es que no se rinda, que poco a poco va a lograr lo que se proponga, y que nada es fácil en la vida. Así es como su vida sigue mientras cada turno llega a su fin, con una historia que continúa, que le permite recolectar experiencias buenas y otras que no lo son tanto.

| Nota del editor *

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