¿Por qué sentimos dolor antes de siquiera procesar qué nos ha lastimado?
Durante décadas, la neurociencia se ha centrado en las partes más complejas del cerebro para explicar la consciencia, dejando de lado una pregunta: ¿cuándo y por qué evolucionó?
Un estudio realizado por la Universidad Ruhr de Bochum en Alemania sugiere que la conciencia no es un lujo intelectual, sino una herramienta evolutiva esencial dividida en tres etapas.
Menciona, además, que fue diseñada originalmente para activar una alarma interna y mantenernos con vida, haciendo de la supervivencia un instinto primario.
Albert Newen y Carlos Montemayor, autores de la investigación, presentaron un modelo que integra el cerebro profundo y primitivo en la ecuación de la consciencia.
Su enfoque promete resolver contradicciones entre las teorías científicas actuales, y ofrece una nueva mirada sobre cómo experimentan el mundo los animales y los seres humanos.
El eslabón perdido de la conciencia
La evolución de la conciencia ha sido un tema descuidado en las grandes teorías de la mente.
La mayoría de los modelos actuales, como la Teoría de la Información Integrada (IIT por sus siglas en inglés) o la del Espacio de Trabajo Global (GNWT), se obsesionan con la corteza cerebral —la capa exterior y “moderna” del cerebro—.
Sin embargo, esto deja un vacío al no explicar cómo niños que nacen sin corteza cerebral (hidranencefalia) pueden mostrar emociones primarias, ni cómo animales con cerebros muy distintos al nuestro parecen tener experiencias conscientes.
Para llenar este vacío, los investigadores proponen la Teoría ALARM. Su premisa es que es necesario distinguir tres tipos de conciencia fenoménica, cada una con una función biológica específica.

Nivel 1: La Excitación Básica (El sistema de alarma)
El primer nivel de la conciencia es la “Excitación Básica”. A diferencia del conocimiento general, este nivel no requiere de la corteza cerebral compleja; se gestiona en estructuras profundas como el tronco encefálico y el tálamo.
Imagina que tocas accidentalmente una estufa caliente. Tu cuerpo reacciona retirando la mano casi antes de que te des cuenta.
Pero ¿por qué duele? Según la teoría ALARM, el dolor consciente tiene una función crítica que el simple reflejo no tiene.
Esto se da en tres fases. La “prioridad absoluta” es el momento en el que el dolor se vuelve un enfoque prioritario para la mente. Esto causa que dejes de hacer todo lo demás y te centres en atender la herida.
Luego está el “aprendizaje inmediato”. Es lo que hace que no sea necesario quemarse varias veces para aprender; la intensidad de la alarma consciente enseña a evitar esa amenaza para siempre en un solo intento.
Finalmente, el “cuidado a largo plazo”. La experiencia consciente obliga al cerebro a mecanizarse y a proteger la mano mientras sana y en el futuro; no solamente en el instante del accidente.
Este nivel es el “gerente de crisis” de nuestro cuerpo: no negocia; simplemente, actúa para evitar daños catastróficos.
Nivel 2: Alerta General (El gerente de atención)
El segundo nivel es la “Alerta General”. Aquí la consciencia aplica la atención selectiva, lo que se suele considerar como consciencia diaria. Este nivel nos permite enfocarnos en una cosa a la vez.
Si el Nivel 1 es un gerente de crisis que grita “¡Fuego!”, el Nivel 2 es un ejecutivo que toma decisiones basadas en el costo-beneficio.
Los autores usan un ejemplo simple: imagina que sostienes un plato muy caliente; tu Nivel 1 grita “¡Suéltalo!”, pero tu Nivel 2 evalúa la situación: “Si lo suelto, quemaré al bebé que está en el suelo o perderé mi empleo”.
La “Alerta General” permite modular esa señal de alarma básica para lograr objetivos más complejos y aprender nuevas estrategias. Es el puente entre el instinto puro y el pensamiento racional.
Nivel 3: Autoconciencia Reflexiva (El planificador)
Finalmente, el tercer nivel es la “Autoconciencia Reflexiva”. No se trata de un nuevo tipo de sensación, sino de la capacidad de dirigir esa atención hacia uno mismo.
Este nivel se desarrolla desde dos áreas. La metacognición te revela qué sabes (y que no). Por ejemplo, los chimpancés pueden optar por no realizar una prueba de memoria si sienten que olvidaron la respuesta, demostrando que son conscientes de su propia mente.
La gestión de la reputación te permite planificar acciones futuras, pensando en cómo nos verán los demás.

Una nueva hoja de ruta para la ciencia
La propuesta de los investigadores sugiere que la conciencia no es un “todo o nada”, sino una escalera evolutiva.
Al reconocer que la forma más básica de conciencia (el dolor, el placer, la temperatura) reside en zonas antiguas del cerebro, podemos entender mejor a otras especies y a nosotros mismos.
Lejos de ser un subproducto accidental del cerebro, nuestra capacidad de sentir es, en su origen, el mecanismo de seguridad más sofisticado de la naturaleza es una alarma natural diseñada para mantenernos vivos en un mundo peligroso.
Para más información de Rizoma:
https://www.uniminutoradio.com.co/rizoma/









