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[Opinión] Cuando el desempleo se convierte en terreno fértil para el engaño

El problema de fondo no es solo que existan mensajes falsos, sino que muchas personas no cuentan con las herramientas para identificarlos.

Por: Luz Nelly Riascos Riascos

En Buenaventura, buscar trabajo se ha vuelto, para muchos, un acto de resistencia. No solo por la escasez de oportunidades, sino porque en medio de esa necesidad creciente han encontrado terreno fértil las ofertas laborales engañosas. Promesas de ingresos rápidos, horarios flexibles y supuestas contrataciones inmediatas circulan con facilidad por redes sociales, cadenas de WhatsApp y páginas web poco confiables. Detrás de ese lenguaje atractivo, sin embargo, se esconde una realidad mucho más dura: la del engaño sistemático a quienes más lo necesitan.

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Este fenómeno no es casual ni aislado. Es, en esencia, un problema de comunicación. Quien diseña estas ofertas sabe perfectamente cómo construir mensajes persuasivos, cómo jugar con las emociones y cómo aprovechar la urgencia económica. Se trata de una estrategia bien calculada que convierte la desinformación en una herramienta de manipulación. En contextos como el de Buenaventura, donde el desempleo golpea con fuerza, ese tipo de mensajes no solo circula: impacta, convence y, en muchos casos, termina perjudicando económica y emocionalmente a las víctimas.

Lo preocupante no es únicamente la existencia de estas ofertas, sino la velocidad con la que se difunden y la poca capacidad institucional y ciudadana para frenarlas. Aquí es donde la comunicación social tiene un papel determinante. No basta con denunciar; es necesario educar. La alfabetización mediática —esa capacidad de analizar críticamente lo que vemos y leemos— se convierte en una herramienta urgente para la ciudadanía.

Porque el problema de fondo no es solo que existan mensajes falsos, sino que muchas personas no cuentan con las herramientas para identificarlos. La necesidad de empleo, en muchos casos, supera cualquier sospecha. Y ahí es cuando el engaño encuentra su oportunidad.

Frente a esta realidad, resulta clave pensar en soluciones que vayan más allá del diagnóstico. Apostarles a estrategias comunicativas claras, accesibles y cercanas puede marcar la diferencia. Campañas digitales, videos cortos, infografías y talleres comunitarios no son simples recursos: son mecanismos para devolverle a la comunidad el poder de decidir con información. Iniciativas como “Ojo con las ofertas laborales engañosas” no solo informan, sino que previenen, alertan y generan conciencia colectiva.

Sin embargo, ninguna estrategia será suficiente sino se acompaña de un cambio de actitud. Es urgente que como sociedad entendamos que no todo lo que circula en internet es confiable. Que desconfiar también es una forma de protegerse. Que ninguna empresa seria exige pagos previos para contratar. Y que verificar, investigar y preguntar no es una pérdida de tiempo, sino una defensa frente al fraude.

Buenaventura no solo necesita más empleo. Necesita también ciudadanos informados, críticos y conscientes del poder y del riesgo de la información que consumen a diario. Porque en tiempos donde la mentira se disfraza de oportunidad, la comunicación deja de ser solo un medio y se convierte en una herramienta de transformación social.

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

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