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¿Por qué Donald Trump quiere apoderarse de Groenlandia?

La idea de que Estados Unidos adquiera Groenlandia no es nueva, pero volvió a generar impacto internacional cuando Donald Trump insistió públicamente en su interés por la isla. Aunque la propuesta fue rechazada de manera tajante por Dinamarca, país del que Groenlandia es territorio autónomo, el planteamiento no fue una simple provocación diplomática. Detrás de esa intención hay razones estratégicas profundas que reflejan la nueva competencia global por el control del Ártico.

Groenlandia, la isla más grande del mundo, ocupa una posición privilegiada entre el océano Ártico y el Atlántico Norte. Durante décadas fue vista como un territorio remoto, pero el acelerado derretimiento del hielo la ha convertido en una pieza central del nuevo mapa geopolítico, al abrir rutas marítimas, revelar recursos naturales y atraer el interés de las grandes potencias.

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Intereses militares y de seguridad nacional

Uno de los principales motivos del interés de Donald Trump en Groenlandia es la seguridad nacional de Estados Unidos. En la isla se encuentra la Base Espacial Pituffik (antes base aérea de Thule), una instalación estratégica para el sistema de defensa antimisiles y la vigilancia aérea y espacial, especialmente frente a posibles amenazas provenientes de Rusia.

El Ártico se ha convertido en un escenario de creciente militarización, con Rusia reforzando su presencia y ampliando su infraestructura en la región. Para Washington, mantener, e incluso ampliar, su control sobre Groenlandia significaría asegurar el flanco norte del continente americano y consolidar su capacidad de respuesta ante eventuales conflictos estratégicos.

Desde esta perspectiva, la propuesta de Trump no apunta solo a una expansión territorial, sino a fortalecer la posición militar estadounidense en una región clave del planeta.

Recursos naturales y competencia global

Otro factor central es el enorme potencial económico de Groenlandia. Bajo su hielo se encuentran importantes reservas de tierras raras, uranio, petróleo, gas natural y minerales estratégicos, fundamentales para la industria tecnológica, energética y militar. En un contexto en el que Estados Unidos busca reducir su dependencia de China, principal proveedor mundial de tierras raras, Groenlandia aparece como una alternativa estratégica de largo plazo.

Precisamente, la creciente presencia china en el Ártico es uno de los elementos que más preocupa a Washington. Pekín ha mostrado interés en financiar proyectos de infraestructura y minería en Groenlandia, lo que para Trump representa una amenaza directa a la influencia estadounidense en la región. Su idea de “comprar” la isla puede leerse, entonces, como un intento de bloquear la expansión china cerca del continente americano.

La propuesta fue rechazada tanto por Dinamarca como por el gobierno autónomo de Groenlandia, que han reiterado que la isla no está en venta y que su futuro debe ser decidido por sus habitantes. Aun así, el episodio dejó en evidencia la creciente importancia del Ártico y el regreso de una lógica de competencia entre potencias.

Más allá de su viabilidad real, el interés de Trump por Groenlandia funciona como un mensaje político claro: Estados Unidos busca asegurar su liderazgo en una región que será determinante en el equilibrio de poder del siglo XXI. En ese escenario, Groenlandia no es solo un territorio, sino una pieza clave del nuevo orden geopolítico global.

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

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