Por: David Santiago Bonilla Marentes
Es la historia de José Luis, su nombre de pila, que vive en una improvisada casa, que en el barrio es conocido como Mompirri, en referencia al protagonista de la famosa novela colombiana Pedro el escamoso. Al igual que el personaje principal de la novela, Mompi, como lo llaman de cariño, es un hombre sociable, tanto que todas las personas de los alrededores lo saludan con cariño. Se detienen un momento para hablar sobre cualquier tema: de su moto, de política o para preguntarle sobre su última desgracia. Sus problemas no tienen que ver con cuentas pendientes, mucho menos de dinero, porque, según él dice: “Gracias a Dios tengo dos manos para trabajar”. Sus líos son con la Alcaldía local, porque por cuenta de un desalojo ejecutado por funcionarios mientras él no estaba, su penthouse, como lo llama jocosamente, quedó reducido a una cortina que hace las veces de puerta, un colchón en una carreta donde duerme, y unas lonas llenas de materiales reciclables como botellas o cartones, las pocas pertenencias que logró rescatar.
Varias personas han levantado falsos testimonios en su contra: lo acusan de vender droga o de tener cosas robadas, pero mientras unos cuantos le hacen la guerra, muchos lo respaldan y no permiten que lo saquen de ese lugar donde ha vivido casi 6 años. La reacción natural de alguien sería proferir groserías, pero El Mompi, en tono tranquilo dice que la vida le dará mucho más, y que no les va a desear el mal, porque no es como ellos. Mientras él me contaba esta historia, no dejaba de pensar en el sacrificio por conseguir sus pertenencias, y de un momento a otro quedar casi que en ceros. Pero lo que me sorprendía más era su tranquilidad, y su certeza de que le llegarían cosas mejores.
El Mompirri habla de ayudar a los demás con los recursos que estén a su alcance. Les dice a las personas que ayuda que son bendiciones que les mandan desde el cielo, que él es solo un intermediario. Por su manera de actuar los vecinos creen en su honestidad y lo dejan entrar a sus casas para sacar reciclaje o materiales que le puedan servir. Otra demostración de confianza con él se la brindan en un lavadero de carros ubicado en el barrio, donde le permiten bañarse. Mientras hablamos una señora se le acerca y le regala comida: “Cuando me voy a reciclar, las personas me dejan alimentos al lado de la carreta, porque yo atraigo cosas buenas y eso se manifiesta en mi vida”, dice con la certeza del que se ha ganado a pulso la confianza de sus vecinos.
El Mompirri cuenta que recicla hace 20 años, y todo comenzó cuando su mamá, que trabajaba en casas de familia, llevaba reciclaje que le regalaban y le pedía que le ayudara a clasificarlos para venderlos y tener un ingreso económico extra. Cuando se trata de explicar por qué terminó en la calle, el Mompi es reservado, aunque cuenta que está vivo de milagro porque a pesar de que nunca le ha hecho daño a nadie, ha tenido problemas donde su vida se ha visto en riesgo. El Mompirri se muestra feliz porque puede ayudar a su mamá con dinero o con mercado, porque para él, más que ayudarle, significa devolverle un poco de lo que en un pasado difícil le quitó. Recuerda que sacaba las cosas de la casa para venderlas y comprar droga.

Cuando le pregunté por las enseñanzas que la calle le ha dejado, dice que, a ser una persona trabajadora, honesta, a valorar a su madre y a llevarse bien con todo el mundo. No niega que hay personas que le hacen sentir odio, pero deja pasar esas emociones, porque se denomina como un transformador de energías, porque procesa las energías negativas para generar cosas buenas y ver lo positivo de las situaciones.
Mientras habla no para de reciclar: clasifica una a una cada botella, cada cartón y cada lata, a la par que cuenta que se puede reciclar con conciencia. Según el Mompirri, él habla con los muchachos de la calle para que no rompan las bolsas de basura y no dejen los desechos regados por los andenes. También impulsa iniciativas para limpiar el barrio, y cuestiona la disposición de desechos porque no hay lugares para botar escombros o llantas, que nadie se lleva, que generan focos de basura. Pero el Mompi no solo se dedica a reciclar, también hace trasteos, pinta casas y hace tareas similares.
Para sacar fuerzas y seguir adelante en medio de las adversidades, dice que lo importante es tener salud y a Dios en su corazón, suficiente para vivir el día a día, Asegura que desde que comenzó a acercarse a Dios, su vida se transformó, aunque no es de las personas que van a la iglesia o se la pasan rezando. Para él es más importante ayudar a los demás. Asegura que son las pequeñas acciones para hacerles el bien a los otros lo que le permite tener a Dios en su corazón.
Señala que una de las experiencias más difíciles que ha vivido sucedió una noche cuando dormía con su esposa cerca de un colegio de la zona. No recuerda con exactitud qué ocurrió, solo sabe que se acostó a dormir, y cuando se despertó descubrió que la zona estaba llena de policías y acordonada. Los uniformados lo interrogaron junto con su esposa, porque eran los principales sospechosos de un crimen. Gracias a las cámaras del sector se dieron cuenta de que eran inocentes y no tenían nada que ver con el tal crimen. Cuando menciona a su esposa no da muchos detalles, apenas dice que era casado, pero que hace más de un año había perdido contacto con ella, quizás porque extravió su celular. El Mompirri tiene sus recursos tecnológicos: un celular y un bafle donde escucha Desiderata, un poema especial para él interpretado por Max Ehrmann. Dice que es una inyección de energía porque la letra cuenta la realidad de la vida, y en ella se puede aprender a ser mejor persona.
El Mompi recuerda que le hubiera gustado ser policía o soldado. Se presentó al Ejército muchas veces, pero nunca lo aceptaron. Dice que, si fuera policía, sería uno de verdad, no como los de ahora, que no trabajan para la comunidad sino para obtener resultados. Piensa que el policía tiene la labor de ayudar a los demás, como por ejemplo facilitarles el paso de las calles a las personas mayores. Mientras conversamos, a todo momento pasan personas que lo saludan con mucho cariño, gente de toda clase, desde recicladores hasta personas mayores.
El Mompi menciona que todas las catástrofes y tragedias que están ocurriendo son ocasionadas por el ser humano y su desconexión con la tierra, y asegura que la sociedad cambia los árboles, el pasto y las flores por concreto, con el fin de ganar más dinero cada día, sin importar el medioambiente. A pesar de su bajo nivel de escolaridad, sabe de tantos temas, pero su calidad como persona es su mayor virtud. Sus saberes no se aprenden en el colegio ni en la universidad, se aprenden en la vida.

El Mompi menciona que todas las catástrofes y tragedias que están ocurriendo son ocasionadas por el ser humano y su desconexión con la tierra, y asegura que la sociedad cambia los árboles, el pasto y las flores por concreto, con el fin de ganar más dinero cada día, sin importar el medioambiente. A pesar de su bajo nivel de escolaridad, sabe de tantos temas, pero su calidad como persona es su mayor virtud. Sus saberes no se aprenden en el colegio ni en la universidad, se aprenden en la vida.








