Por: Julieth Cicua
El desierto en el cine colombiano ha significado abandono, desarraigo, problemas y la soledad del protagonista, ejemplo de esto son las películas; el río de las tumbas (1965) y semilla del desierto (2024). En esta ocasión esto también se refleja en la película colombo francesa Culebra Negra (2025) del director Aurélien Vernhes-Lermusiaux.

Culebra Negra, estrenada en la versión 78 de Cannes en la sección ACID, sigue a Ciro (Alexis Tafur), un joven que tiene que regresar a su casa, cerca del Desierto de la Tatacoa, pues su madre está a punto de morir. Pero no solo vuelve a despedirse de ella, también se reencuentra con un pasado que ha intentado dejar atrás; su padre (Miguel Ángel Viera), con el que tiene visiones distintas de lo que debe ser el mundo, el sentido de vivir en el campo o en la ciudad y una falsa sensación de bienestar y progreso. Por otra parte, se encuentra de frente con su expareja que le recuerda el miedo a amar y a formar una familia por la certeza de perderla algún día. Es así que no solo debe darle funeral a su madre desierto adentro, sino termina perdiéndose en este lugar, para darse cuenta de que el pasado no es más que su realidad.
El punto más destacado de Culebra Negra es su fotografía, que se sumerge en el entorno del Desierto de la Tatacoa, que no solo refleja al personaje perdido y lastimado, sino que lo reconecta con sus raíces para reflexionar en la inmensidad de los simbolismos mágicos. Entonces, el paisaje termina dominando el relato gracias a lo imponente del lugar, hecho que le juega un poco en contra, ya que por la belleza de las imágenes se pierde el guion.

Otro eje importante es la marcada cosmovisión acerca de pertenecer e identificarse en los demás, encontrar un lenguaje común entre los ancestros y la forma que se enfrenta el mundo. Por esto la historia se teje a través de una especie de mitología donde las serpientes son vitales para esta familia, que a través de un relato oral explican sus fantasmas familiares.
Y a pesar que este relato cruza la película, también se queda corto dado que no se explora de manera profunda. Diluyendo el elemento onírico del guion, al mostrarse de manera superficial, que, al pasar a imágenes chocantes, rompe en gran medida con el tono de la cinta. Entonces cuando el elemento mágico pasa al lenguaje visual, se convierte en una escena incómoda que rompe con lo sutil e intimista del relato.

En cuanto al diseño sonoro tiene muchos aciertos, no solo por el sonido envolvente del desierto, la interacción de las personas o su respiración, sino por el uso potente de los silencios, no obstante en momentos clave la música trata de inducir al espectador sobre lo que debe sentir, generando una desconexión con el relato.
Otra parte importante es su grupo actoral encabezado por Alexis Tafur que transmite muy bien la incomodidad del personaje al estar en un mundo que no le corresponde. Sin embargo, en los diálogos no llega a la intensidad necesaria que sugiere el entorno, solo se vale de la profundidad de sus ojos para alcanzar esos breves momentos de conexión con la historia. Es por esto que en ocasiones desentona con Miguel Ángel Viera quien con pocos diálogos y mucha corporalidad logra mostrar la pesadumbre, el peso de los años y el rencor que carga su personaje.

Culebra Negra es una película que visualmente encanta y atrae, no obstante, se queda corta en el guion, ya que no comprende de manera profunda los símbolos de un relato mítico y ancestral de la región, al abrir subtramas e imágenes que son vitales para el desarrollo del personaje, pero que nunca se cierran o desarrollan y dejan a el espectador con la desazón de algo incompleto.








