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[Reseña] La Hija del Volcán: un documental que expone las heridas abiertas de Armero

Por: Julieth Cicua

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El 13 de noviembre de 1985, la erupción del Nevado del Ruíz borró del mapa a la ciudad de Armero y dejó cicatrices que aún no han sanado en Colombia. Entre las víctimas invisibles estuvieron los niños huérfanos y separados de sus familias, un drama que el Estado nunca supo atender con protocolos claros. Cuatro décadas después, ese vacío reaparece en La Hija del Volcán (2025), documental dirigido por la colombo-española Jennifer de la Rosa.

La película narra el regreso de la directora a Colombia en busca de su madre, Dorian Tapazco, de quien fue separada tras la tragedia. Lo que inicia como una investigación personal se convierte en un relato detectivesco: Tapazco aparece y desaparece en registros oficiales, cambia de nombre y se diluye en documentos como si nunca hubiese existido. La figura materna se transforma en un fantasma que refuerza la sensación de orfandad y cuestiona la idealización de las víctimas.

El metraje, resultado de una investigación entre 2016 y 2024, se apoya en archivos, entrevistas y recorridos por distintas ciudades. Aunque las instituciones parecen colaborar, las respuestas nunca son suficientes. En ese vacío, De la Rosa construye un retrato psicológico de su madre, alejándose de la nostalgia y mostrando la ausencia de una mujer que no estaba preparada para ser madre.

Más allá de la historia íntima, el documental expone una deuda histórica: la falta de protocolos para proteger a menores en tragedias naturales, un problema que persiste desde Armero hasta hoy. En el camino, la directora se encuentra con otras historias similares, ampliando el alcance de su relato hacia una denuncia colectiva.

La propuesta estética es sobria. La Hija del Volcán no busca la belleza de las imágenes, sino la honestidad de la narración. Su fuerza radica en la necesidad de verdad y en el deseo de pertenencia, conectando con espectadores que también buscan identidad. En este sentido, dialoga con otros trabajos como Ana Rosa (2022) de Catalina Villar, que explora la ausencia materna desde un ángulo igualmente íntimo y fragmentario.

El resultado es un documental que trasciende lo personal para iluminar las fallas estructurales de un país que aún no ha cerrado las heridas de Armero. La búsqueda de una madre desaparecida se convierte en espejo de una nación que sigue lidiando con sus deudas históricas y con la fragilidad de la infancia frente a la tragedia.

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

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