El anuncio del nuevo Tesla Roadster, presentado como un vehículo capaz de realizar maniobras que desafían los movimientos convencionales de un automóvil, abrió el debate sobre sus posibilidades tecnológicas y su eventual aplicación en la movilidad cotidiana. Mientras algunos destacan los avances de ingeniería que podrían aprovecharse en otros sectores, hay quienes cuestionan su utilidad práctica. Sobre este tema opinaron Johann Osma, profesor del Departamento de Ingeniería Eléctrica y Electrónica de la Universidad de los Andes, y Carlos Humberto Cantor, director del portal de movilidad Biciurba.com, durante una entrevista en Minuto de Dios Radio.
Para Osma, más allá de la espectacularidad de la demostración, el vehículo reúne desarrollos que merecen analizarse por separado. El académico considera que el interés no debe concentrarse únicamente en su capacidad para elevarse o ejecutar maniobras llamativas, sino también en los sistemas que hacen posible su funcionamiento, “Hay varios avances tecnológicos en ese mismo video. No solo está la espectacularidad del hecho de que tenga propulsores que le permitan hacer vueltas, flips y aterrizar, sino que en realidad hay varias tecnologías que están presentes y que resultan tanto o más interesantes que esa”, explicó.
Uno de los aspectos que más llamó la atención del profesor fue la capacidad del prototipo para mantenerse adherido a una superficie durante movimientos y posiciones inusuales. Desde su perspectiva, este tipo de tecnología podría tener aplicaciones más allá de los automóviles deportivos, especialmente en escenarios donde la estabilidad y la seguridad son determinantes, “Si usted tiene un sistema que permite que su auto se mantenga más pegado al suelo, con cierta adherencia, puede prevenir ese tipo de accidentes”, señaló Osma, al referirse a los riesgos que representan las ráfagas de viento para los vehículos que transitan por autopistas a altas velocidades.
El docente también planteó que algunos de estos desarrollos podrían adaptarse a vehículos de emergencia y rescate, particularmente en situaciones en las que los obstáculos dificultan el acceso a una zona afectada. Asimismo, consideró que los sistemas de propulsión mediante aire podrían contribuir al desarrollo de nuevas soluciones de seguridad vial. Para ilustrar este potencial, recordó la evolución de otras tecnologías automotrices: “Gracias a que esos desarrollos persistieron, hoy el airbag le ha salvado la vida a muchas personas. Nadie le garantiza que le va a salvar la vida, pero aumenta sus posibilidades de supervivencia ante un choque fuerte”. En ese sentido, sostuvo que las innovaciones que hoy parecen experimentales podrían encontrar aplicaciones concretas en el futuro.
Sin embargo, Osma advirtió que convertir los vehículos voladores en una alternativa de transporte masivo implica desafíos que van más allá de la ingeniería. La regulación, la infraestructura y los controles de seguridad serían determinantes para su eventual incorporación a las ciudades, “Muchas veces la tecnología va más rápido que la regulación”, afirmó. Según explicó, sería necesario establecer normas sobre alturas, velocidades y rutas, además de definir las autoridades competentes para atender accidentes en el aire. Por eso, consideró que algunas aplicaciones podrían llegar primero a sectores especializados, como la atención de emergencias y desastres, antes de extenderse al uso civil.
Una visión más crítica expuso Carlos Humberto Cantor, quien considera que la presentación del Tesla Roadster responde principalmente a una demostración tecnológica y no a una solución que pueda transformar de manera inmediata la movilidad urbana. Aunque reconoció el valor de los desarrollos de ingeniería empleados, cuestionó su utilidad en las condiciones reales de circulación, “Realmente, lo que se logra allí es una aplicación de todos los desarrollos que ha hecho SpaceX, pero, en la práctica y en la vida real de las personas, ese tipo de aparatos nunca va a llegar”, manifestó. Para el director de Biciurba, las dificultades de incorporar vehículos voladores a ciudades congestionadas como Bogotá hacen improbable que se conviertan en una alternativa cotidiana en el corto plazo.
Cantor calificó la propuesta como una extravagancia y defendió la bicicleta como una opción de transporte más cercana a las necesidades de los ciudadanos. A su juicio, la movilidad sostenible no depende exclusivamente de la innovación tecnológica o de la construcción de infraestructura, sino también de la transformación de los comportamientos en las vías, “En el caso de Colombia y de Bogotá, necesitamos mucho más que carros voladores. Necesitamos mejorar el comportamiento social. La bicicleta te invita a ser mejor ciudadano”, sostuvo. Desde su perspectiva, recuperar la cultura ciudadana y promover el respeto entre los diferentes actores viales son tareas fundamentales para mejorar la movilidad.
El experto también destacó los avances técnicos que han transformado la fabricación de bicicletas, desde el uso de materiales como la fibra de carbono hasta las mejoras en las transmisiones y los sistemas de suspensión. No obstante, insistió en que contar con más ciclorrutas no es suficiente si los usuarios no asumen las responsabilidades que implica desplazarse en este medio de transporte, “El problema básico no está solamente en las ciclorrutas, sino en la conducta del ciclista. Tenemos que empezar a construir una cultura del ciclista ciudadano, respetuoso y responsable”, afirmó. En esa línea, hizo un llamado a utilizar luces, frenos adecuados, elementos reflectivos, casco y otros implementos de protección, además de respetar las normas de circulación.
Finalmente, Cantor señaló que la discusión sobre el futuro del transporte también debe incluir los impactos ambientales asociados a la fabricación de tecnologías eléctricas, entre ellos la extracción de litio y otros minerales utilizados en baterías y componentes electrónicos. Sus observaciones plantean la necesidad de evaluar no solo las capacidades de los nuevos vehículos, sino también sus costos, su viabilidad y sus consecuencias. Mientras Johann Osma ve en el Tesla Roadster una plataforma experimental cuyos avances podrían contribuir a la seguridad vial y a futuras aplicaciones especializadas, Carlos Humberto Cantor cuestiona su utilidad para la movilidad cotidiana y reivindica la bicicleta y la cultura ciudadana como elementos centrales de una transformación sostenible.








