El presidente estadounidense sostuvo su primera conversación telefónica con el mandatario colombiano Gustavo Petro, un diálogo que se extendió entre 30 minutos y una hora y que fue interpretado por fuentes diplomáticas como un paso decisivo para desescalar una crisis que había alcanzado niveles inéditos.
Un cambio de tono que sorprendió
La llamada ocurrió en un contexto de alta fricción: sanciones personales, revocación de visa y una retórica confrontacional que había marcado los meses previos. Sin embargo, el tono fue descrito como positivo y constructivo, en claro contraste con las acusaciones cruzadas del pasado reciente. El impacto fue inmediato. Petro reconoció públicamente que modificó un discurso de línea dura que tenía preparado para una manifestación en la Plaza de Bolívar y optó por un gesto simbólico: apareció ante sus seguidores con una chaqueta alusiva a los helicópteros Black Hawk, un mensaje de cooperación que no pasó desapercibido.
Narcotráfico y Venezuela, en el centro del diálogo
Dos asuntos concentraron la conversación:
- Lucha contra las drogas. Petro expuso los esfuerzos de su administración y sostuvo que información falsa, atribuida a sectores políticos colombianos, habría distorsionado la percepción de Washington sobre la existencia de supuestas “fábricas de cocaína”.
- Crisis venezolana. El mandatario colombiano calificó de “ilegal” la reciente intervención militar estadounidense, pero propuso un diálogo tripartito entre Colombia, Venezuela y Estados Unidos para buscar una salida política. También confirmó contactos con la dirigencia venezolana, en un intento por recomponer canales regionales.
La diplomacia detrás del acercamiento
El viraje no fue fortuito. Fuentes cercanas al proceso destacan el papel determinante de la embajada de Colombia en Washington, que activó puentes con congresistas republicanos para subrayar el valor estratégico de Colombia como aliado regional. En clave interna, analistas señalan que el gobierno Petro persigue objetivos concretos en la recta final de su mandato: normalizar su estatus diplomático, asegurar la recertificación del país y despejar sanciones que pesan sobre la relación bilateral.
¿Mediación regional o cálculo político?
El optimismo oficial convive con el escepticismo. Algunos expertos cuestionan el margen real de Colombia como mediador, dado el peso directo de Estados Unidos en sectores estratégicos venezolanos. Aun así, coinciden en un punto: la comunicación directa reemplazó a la confrontación pública. En diplomacia, los símbolos importan, y el solo hecho de que dos líderes en polos ideológicos opuestos hayan decidido hablar detuvo la escalada y abrió un espacio —todavía frágil— para reconstruir confianzas.









