El Adviento es un tiempo para volver al interior y preparar el corazón para la llegada de Jesús. En el silencio que propone la fe, descubrimos la voz suave de Dios que invita a la conversión, a la gratitud y a la esperanza. La Navidad no comienza en las luces externas, sino en la luz que nace dentro de nosotros.
Reconocer la venida de Cristo es aceptar que Dios sigue actuando en nuestra vida. Él entra en nuestras heridas, nos levanta en nuestras caídas y enciende lo que creíamos apagado. Su nacimiento es un llamado a dejar atrás lo que nos aleja de la paz y a caminar hacia una vida más plena.
Que este tiempo santo nos encuentre abiertos a la renovación interior. Que cada gesto, cada oración y cada silencio sea una puerta para que Cristo habite en nosotros. Solo así la Navidad se vuelve auténtica y transformadora.








