Por: Cristian C. Reyes Peña
Presupuesto general
La economía colombiana se presenta en un estado de contrastes. La inflación se está
desacelerando y algunos indicadores de empleo están mejorando ligeramente, aunque el
crecimiento continúa siendo débil y la confianza empresarial muy frágil. La finanzas
públicas están permanentemente sometidas a presión, cada vez mayor por el incremento del
gasto social y la insuficiencia de ingresos estructurales. Al mismo tiempo, las tensiones
geopolíticas mundiales tienen impacto en la inversión extranjera, los flujos de capital y el
tipo de cambio. En estas condiciones el país debe mantener el equilibrio entre la disciplina
fiscal y la necesidad de apoyar el crecimiento económico, sin renunciar a su estabilidad social
ni a su soberanía financiera.
Déficit y endeudamiento en las finanzas públicas
Se prevé un déficit del Gobierno Nacional Central de 6,8 % del PIB en 2024 y una deuda
neta por encima del 60 % del PIB, de acuerdo con la versión 2025 del Informe al Congreso
del Banco de la República. Combinación de presión fiscal insuficiente y un
gasto elevado ha provocado un desmejora estructural de las finanzas públicas. Valenciano
dijo que la mayoría del Comité Autónomo de la Regla Fiscal indicó que la regla ya se activó
por desviaciones significativas, limitando el espacio de maniobra del gobierno
Algunos analistas prevén que este déficit podría superar el 7 % del PIB para
2025, eso llevaría a Colombia a una situación de vulnerabilidad similar a
países con riesgo medio en sus economías. Este desequilibrio limita la inversión del Estado,
y lo obliga a depender más y más del endeudamiento, cuyo servicio ya devora buena parte del
presupuesto nacional.
Vulnerabilidad externa: cuenta corriente y financiamiento
La cuenta corriente refleja otra debilidad: el Banco de la República anticipa un déficit en
cuenta corriente de 2,5 % del PIB para 2025. Esto quiere decir que el país
compra más bienes, servicios y capital en el extranjero del que vende y por tanto se financia
en el exterior para equilibrar sus cuentas. En caso de mayor precaución entre los inversores o
menor liquidez global, es probable que el peso colombiano se deprecie y el costo del
financiamiento externo aumente. Aunque el banco central sostiene que las reservas
internacionales continúan siendo “adecuadas”, su margen de maniobra es
limitado. Cualquier cambio desagradable en las condiciones del financiamiento global o un
evento de desconfianza podría propagarse con impacto en la estabilidad cambiaria y el
acceso al crédito global.

Política monetaria a prueba
El dilema del Banco de la República entre elevar o empezar a reducir la tasa de interés de
9,25 %. Si baja demasiado rápido puede perder el control de la inflación, que está todavía en
4,5 %, y si la mantiene en alto costo, el crédito también seguirá caro y la economía se va a
parar.
Según los informes presentados al Congreso, la política monetaria debe ir acompañada de
política fiscal para evitar que la carga del control inflacionario recaiga solo en las tasas, con
ello está en juego el equilibrio entre estabilidad de precios y vuelta a reactivar el crédito,
sobre todo para las pymes (pequeña o mediana empresa) y los hogares, a quienes se les
empezó a endurecer el acceso a financiamiento desde todo el 2023.
“Las expectativas de inflación de los agentes de la economía también se incrementaron y
superan el 3 % en horizontes inferiores a cinco años. Se prevé que el crecimiento de la
economía se siga consolidando y que los excesos de la capacidad productiva sobre la
demanda se reduzcan a mediados de 2026”.
Agregando factores como declaraciones y quejas con el aumento del salario mínimo,
informes del banco de la república dan una pequeña esperanza para una economía estable
para la nación
Geopolítica y comercio: China, EE. UU. y diversificación
Hacía China
La incorporación de Colombia a la Iniciativa de la Franja y la Ruta en mayo de 2025 supuso
un cambio de rumbo estratégico. Este acuerdo pretende consolidar la cooperación en materia de infraestructuras, energía y tecnología. Para el gobierno es una oportunidad para atraer inversión y disminuir la dependencia de los organismos multilaterales tradicionales. Sin embargo, analistas advierten que esta dinámica debe ser manejada cuidadosamente para no caer en un desequilibrio de deuda o demasiadas concesiones.
Al mismo tiempo, China es una fuente de capital y un rival comercial que ha
aumentado las exportaciones a América Latina, desplazando a los proveedores locales y
estadounidenses.
Tensiones con Estados Unidos
El acercamiento a China ha causado roces con Washington, Estados Unidos, el principal
comprador de los productos colombianos, manifestó su preocupación por la creciente
presencia de Pekín en la región (elpais.com). A estos se sumaron los incidentes diplomáticos,
como la negativa de Colombia a recibir vuelos con deportados, que desencadenó amenazas de
imponer aranceles comerciales del 25 %. Estas tensiones disminuyeron la confianza de los
inversores de Estados Unidos y provocaron una retracción en la inversión extranjera directa
de alrededor del 15 por ciento para la primera mitad de 2025. De no restablecerse
las relaciones bilaterales, la nación podría perder acceso preferencial a los mercados y a los
programas de cooperación económica.
Diversificación financiera
BRICS En búsqueda de independencia, Colombia contempla unirse al Nuevo Banco de
Desarrollo (NDB) de los BRICS . Esto facilitaría el acceso a financiamiento
para proyectos de infraestructura en términos diferentes a los que imponen los organismos
occidentales. La estrategia es diversificar las fuentes de financiamiento y reducir la
dependencia del dólar, en particular tras su reciente devaluación. Pero una mayor proximidad
con los BRICS también requiere mantener un equilibrio político, entre no generar tensiones
innecesarias con los socios tradicionales. El éxito radicará en la capacidad diplomática del
país para mantener relaciones pragmáticas en un mundo cada vez más disgregado.
Consecuencias socioeconómicas
En realidad, la vida cotidiana se ve impactada detrás de los números macroeconómicos. El
servicio de la deuda restringe la inversión en salud, educación e infraestructura, sectores que
demandan alitas. Si el Ejecutivo se decanta por ajustes fiscales duros, los programas sociales
pueden resentirse y aumentar la desigualdad. Por otro lado, un exceso de rigidez en la
política monetaria provoca el alza en el consumo y en el empleo por cuenta en propia.
La volatilidad externa también afecta a los precios: toda devaluación del peso se traslada en
aumentos en alimentos y bienes importados.
“Se mantiene una alta incertidumbre sobre el aumento futuro de los precios, debido
especialmente, a la magnitud del incremento del salario mínimo para 2026, a los
movimientos futuros de la tasa de cambio, los ajustes en las tarifas de energía y gas, y los
posibles impactos de los conflictos geopolíticos y las tensiones comerciales, entre otros
factores”.
En síntesis, el precio de la estabilidad macroeconómica se paga primero por los hogares, y
particularmente los de menores ingresos.
entre la estabilidad y la tormenta.
Colombia está en una encrucijada. Su prospecto económico dependerá de cuán bien pueda
cuadrar sus cuentas públicas, reactivar el crecimiento y manejar a sus socios en el plano
internacional con inteligencia. La disciplina fiscal y la moderación monetaria
serán esenciales para restaurar la confianza, y la diversificación comercial y financiera debe
llevarse a cabo sin poner en riesgo de autonomía nacional. Si consigue equilibrar estos
tres pilares, la nación podría transformarse en una economía más estable y resistente. De lo
contrario, los desequilibrios presupuestarios y tensiones geopolíticas podrían detonar una
tormenta que sacuda no sólo los mercados sino la calidad de vida de millones de
colombianos.








