Por: Omar Alvarado
El 5 de octubre de 2005, hace 20 años, llegaba a las librerías un romance sobrenatural entre una joven mortal y un vampiro de 117 años que luce como uno de 17, una diferencia de edad que ya marcaba las pautas de una trama de amor cohibido e intenso que conquistó a lectoras del mundo, que en noviembre de 2008 dio el salto al cine, con una adaptación de estilo indie a cargo de la directora estadounidense Catherine Hardwicke. La cineasta ya era reconocida por cintas atrevidas en narrativa y premisas como su opera prima Thirteen: la premiada en Sundance Lords of Dogtown; y The Nativity Story, su cinta previa al fenómeno Crepúsculo, que narraba la travesía de María y José entre Nazaret y Belén.
Lo que empezó como un singular sueño en la mente de la autora Sthephenie Meyer, se convirtió en un proyecto cinematográfico de gran envergadura, aunque con muchas dudas. Hardwicke realizó un trabajo apasionado y honesto sobre su imaginario de la historia de amor de Crepúsculo, que requería un trabajo de construcción de atmósfera y una sensualidad sutil para mostrar la relación de los protagonistas en medio de bosques de neblina y espacios íntimos como la casa de Bella, o la de la familia Cullen.

Para fortuna de los fans y de los ejecutivos, la directora amaba la saga y quería una adaptación digna de sus fieles seguidores, por lo que se preocupó por crear un ambiente seguro para facilitar la interpretación de una conexión emocional genuina. En tan solo 42 días de rodaje en el frío y lluvioso Portland (Oregón) completó su visión de película.
Crepúsculo llegó a los cines el 21 de noviembre de 2008 y rompió todas las fronteras esperadas: recaudó casi 70 millones de dólares en su primer fin de semana solo en Norteamérica, un record que la convirtió en la cinta con el debut más alto para una película dirigida por una mujer, superando a la noventera Impacto profundo de Mimi Leder. Al final el primer capítulo de la multimillonaria saga recaudó 392 millones de dólares contra un costo de solo 37 millones, un fenómeno de masas que cumplió con el mayor objetivo de su directora y de la guionista Melisa Rosenberg, que entonces dijo: “Quería asegurarme de crear un mundo que pudiera sostenerse solo, que no dependiera de una mitología que llegaría en el futuro”.
¿Pero que hizo tan bien Crepúsculo para llegarle a audiencias fieles y a neófitos?
Lo cierto es que se trata de una trama de amor juvenil, que planteó un rejuvenecimiento de la imagen vampírica añeja y poco atractiva para una generación de chicas y chicos que crecieron en el boom de las tribus urbanas, que buscaban desesperadamente algo con lo cual identificarse, y eso no era el gótico Drácula de Coppola o el brutal Blade de Guillermo del Toro. Edward le abrió las puertas a un nuevo tipo de inmortalidad, atractivo para la vista, aunque letal y complejo al entendimiento humano. Robert Pattinson edificó a un personaje melancólico que evidencia su falta de adaptabilidad a la vida moderna, que incluye la manera de relacionarse con Bella, una joven de 17 años que encarnada por Kristen Stewart encontró un rostro agraciado, pero de un interior supremamente sensible, y tan perdida en búsqueda de identidad y pertenencia como la Generación Z que les estaba descubriendo.

Crepúsculo llegó para acompañar a una generación de lectores que ya habían madurado con la saga de Harry Potter, cuyo enfoque infantil e inocente ya no suplía las necesidades de mentes ávidas de historias que no se conformaban con Hogwarts como su lugar idílico. En su lugar, el remoto y húmedo Forks se convirtió en el nuevo destino; un paraje de árboles interminables, de altas cascadas y de filosos despeñaderos, de características semirurales y de elementos mitológicos que alimentaron el imaginario de la película. Un escenario fortalecido también por la elección de fotografía de la directora Catherine Hardwicke, que con un marcado uso de tonos fríos realizó un trabajo de colorimetría estupendo, reflejando a la perfección las sensaciones térmicas y emocionales que complementaban la sensualidad de los vampiros diamantinos y hechizantes que Meyer imaginó, que en cuestión de meses, tras el estreno de la cinta original, crearon una explosión de fanatismo por la historia, sus actores y la fantasía de tragedia y romance shakesperiano que emulaba.
La saga de películas terminó en 2012 luego de la adaptación en dos partes de Amanecer, el último libro. El sueño había alcanzado su clímax y los millones de fans cerraban un capítulo de sus vidas para adaptar futuros fenómenos que seguirían construyendo los caminos de la literatura y del entretenimiento del Siglo XXI. Sin embargo, la huella de Crepúsculo como marca y como revolución del arquetipo de los vampiros se quedó en el imaginario colectivo, continuando su legado en memes, parodias, blogs, relecturas, maratones, análisis de Tik Tok, etc., sobreviviendo a los haters más acérrimos de su premisa y tratamiento, e insertándose en el imaginario colectivo como una muestra del alcance que la literatura y el cine logran cuando existen en sinergia y son fortalecidos por el alcance que engloba el mundo digital.

Crepúsculo no es una película perfecta, es un producto hecho con poco dinero y muchas dudas sobre su concepto y manejo de las relaciones afectivas, convertido en un ejemplo detectable de situaciones de dependencia y manipulación emocional, así como de toxicidad y dominio, además de una idealización de ideas como la castidad, el matrimonio y el desenfreno de los adolescentes. Aun así, Edward y Bella siguen vigentes 25 años después, no por sus detractores, sino por aquellos que vieron en esa lucha apasionada por proteger su amor y estilo de vida un modo de rebeldía, una idea poderosa sobre encontrarnos y defender a toda costa los vínculos que nos hacen felices y plenos.
Por lo anterior, y porque no deja de ser una experiencia divertida y amena para ir con pareja, con amigos o con los adolescentes de la casa, dense la oportunidad de descubrir o reencontrarse con esta saga y aseguren sus entradas para ser los primeros en ver la primera entrega en la pantalla grande, a partir de su reestreno el próximo 19 de marzo.








