Si bien la problemática de las redes no es un problema nuevo, y luego de 16 años del estreno de Red Social (2016), basada en los hechos reales sobre el nacimiento de Facebook y sobre las rivalidades y traiciones que surgieron ante el éxito de esta plataforma, ahora el director, guionista, productor y dramaturgo estadounidense Aaron Sorkin, se embarca en una historia riesgosa, no por lo que dice, sino porque le muestra al público, deliberadamente guiado por tendencias y fácilmente manipulable, una verdad, que así la tenga en frente, no lo cree.
El poder de la red no es una secuela de la película dirigida por David Fincher, pero funciona como una pieza complementaria, que deja la historia delMark Zuckerberg universitario, para mostrar a un calculador y deshumanizado CEO, que se adentra en un problema de escala mundial, tras el brutal crecimiento de la compañía,quecomo se lee en el eslogan del filme:Hace mucho pasamos la etapa de hacer amigos, premisa que la cinta desarrolla con éxito y con buenos personajes que logran química, hecho que redunda en una historia inquietante, llena de reflexiones.

Luego de su icónico papel como heredero de un imperio económico en Succession (2018), y del gran papel como Roy Cohn en el biopic de la vida de Dnonal Trump El aprendiz (2024), Jeremy Strong regresa como un Mark Zuckerberg más maduro, pero ambicioso, muy cercano a una realidad palpable, como dueño de un emporio de información que manipula para sus beneficios inmediatos, en compañía de la ganadora del Premio Oscar Mikey Madison por Anora (2024) en el papel de Frances Haugen, y Jeremmy Allen White como el reportero Jeff Horwitz, con sus pequeños homenajes a una de las profesiones más desprestigiadas del mundo, pero de las más clave y necesarias en su buena praxis como el periodismo.
El poder de la red es un thriller que se desarrolla con calma, mostrando coherentemente los perfiles de cada personaje y dejando clara su posición ante este rompecabezas, y si bien se aleja al estilo de la anterior película de Fincher, esta se desarrolla en otro tono con mensajes claros sobre quien participa y cómo participan los involucrados en este gigante conglomerado de manipulación de información y datos, no de informar.

La historia se inspira en hechos reales ocurridos en 2021 a partir del famoso reportaje periodístico The Facebook Files, (Los archivos de Facebook), publicado por The Wall Street Journal. La historia tiene lugar cuando Frances Haugen y Jeff Horwitz emprenden una arriesgada travesía para sacar a la luz documentos internos y pruebas confidenciales de la compañía.
Los documentos exponen cómo los algoritmos de la plataforma priorizaban la retención de usuarios a través de la polarización, el incremento del discurso de odio, el impacto perjudicial de Instagram en la salud mental de los adolescentes y la inacción de la empresa ante graves problemáticas globales.
Desde el adoctrinamiento, hasta los evidentes talentos de cada trabajador de lo que antes era solo Facebook, y sus altos beneficios adquisitivos, la película expone la psicología de una marca que tuvo que cambiar su nombre a Meta, debido a problemas legales y batallas jurídicas perdidas por perjudicar abiertamente a sus usuarios. Sorkin no solo se dedica a delinear una denuncia; parte de argumentos comprobados y legalmente constituidos, que demuestran que el poder de la información y de la manera que se manipula de parte de las redes sociales de Mark Zuckerberg, pone presidentes en los países y cultiva discursos de odio entre sus usuarios.

Es interesante el énfasis que se les dio al montaje de los tribunales en la escenificación del juicio real, gracias al buen trabajo del director de fotografía Jeff Cronenweth, que presenta con filtros diferentes a los personajes, entregándoles una categoría individual, y cómo nutren la historia, como en las escenas compartidas por la desarrolladora de códigos Haugen y el periodista Horwitz, no con Zuckerberg que se muestra con colores fríos, o a partir del recurso del flashback en blanco y negro.
El poder de la red es una película que pone nuevamente en la mesa el delicado y coyuntural tema de la manipulación de la información, al tiempo tan atacada como la maravillosa Digger de Alejandro González Iñárritu, porque no dice verdades a medias y enfrenta al espectador a una verdad incómoda que le es difícil aceptar, y que lo confronta con su grado de responsabilidad al entregarles tanto poder a pocas personas, sumado a su poco análisis crítico para darse cuenta de que se tropieza con la misma piedra, que en recompensa recibe cantidades de dopamina.

Una película, que más que una denuncia, o el recuento de un hecho que sucedió, como BlackBerry (2023), no busca convertirse en anécdota. Es evidente que la fuerte campaña de desprestigio que este año tienen películas valiosas como esta, hace que la gente le crea más a una tendencia contada por tomates que a una opinión propia, abandonando el sentido crítico, que le confieren cada vez más valor al fin último de esta historia, que de no ser por los reconocidos nombres de su cartel, ni siquiera hubiera llegado a plataformas. Juzguen ustedes.








