La gente pasaba minutos y minutos viendo esa caja para que ocurriera algo distinto de ver el rostro del abuelo de Samuel Moreno Rojas.

Hasta el 13 de junio de 1954 los domingos de los bogotanos transcurrían entre levantarse temprano, desayunar con changua o chocolate santafereño, que incluía, además, queso y un par de almojábanas.

Un rato después se ojeaban los periódicos, luego se asistía a misa y se escuchaba alguna emisora. El almuerzo era familiar y en la tarde se hacía un recorrido por los parques y se presenciaban las estudiantinas.

Pero ese 13 de junio se revolucionaron las casas. Para ese día quienes invirtieron 350 pesos en la compra de un aparato Siemens invitaron a familiares, vecinos y amigos para presenciar el nuevo espectáculo que ofrecía el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla: la llegada de la televisión a Colombia.

Desde muy temprano, los padres de familia prendieron los aparatos y armaron una especie de festival. Se suponía que la emisión comenzaría a la una de la tarde, pero por los disturbios que hubo en días anteriores a la inauguración, se fue retrasando.

Sin embargo, una foto de Gustavo Rojas Pinilla se podía ver en aquellos aparatos. Esa fue la primera señal de televisión que hubo en Colombia. La gente pasaba minutos y minutos viendo esa caja para que ocurriera algo distinto de ver el rostro del abuelo de Samuel Moreno Rojas, hoy preso en una estación de policía por actos de corrupción en su gobierno en la Alcaldía de Bogotá.

Pero nada.

El gobierno planeó para ese día, la inauguración obras en todo el país: avenidas, parques, puentes, escuelas, puestos de salud, mataderos, alcantarillados, postes de energía, canchas de fútbol, plazas de mercado y hasta barrios enteros. Era una celebración por todo lo alto con motivo del primer año de mandato del general Rojas, a quien el caricaturista “Chapete” lo llamaba como “Gurropín”.

De cuando en cuando alguien gritaba: “Ya va a comenzar la transmisión, se movió la foto”.

Y los asistentes a la casa, que por momentos se habían distraído tomando café con colaciones, corrían a la sala para presenciar el cajón con imágenes grises. Escasamente se había movido la foto. Minutos más tarde, volvían a sus conversaciones.

El general Rojas había visto en Alemania cómo este medio de comunicación era muy importante para llegarle a las masas. Cuando asumió el poder, encomendó a Fernando Gómez Agudelo implantar la televisión en el país. Sólo tenía un año para lograrlo y un presupuesto de 10 millones de pesos.

Fue tal la carrera que se dieron cuenta que no había camarógrafos ni personal técnico. Entonces, Gómez Agudelo viajó a Cuba y convenció a 25 técnicos del canal 4 de ese país que viajaran a Colombia. Ellos se arriesgaron porque estaban desempleados: ese sistema había quebrado en la isla. Los isleños capacitaron a un grupo de fotógrafos con la nueva profesión. Los entrenaron en los sótanos de la Biblioteca Nacional, en la calle 25 de Bogotá.

La antena que originó las primeras señales se montó en el último piso del Hospital Militar y otras repetidoras fueron ubicadas en el Nevado del Ruiz, Gualí en san Gaceno y La Rusia en Boyacá.

Sólo había 1.500 televisores en el país, repartidos en Bogotá y Manizales, pero sólo 400 personas los adquirieron para ese día. Eran de marca Siemens.

En mayo se hicieron unos ensayos, pero era prácticamente de minutos y no había una ilusión sobre lo que sería la televisión.

Fernando Gómez Agudelo tenía escasos 22 años y se comprometió con una titánica tarea. Viajó a los Estados Unidos, pero fue en Berlín donde se comprometieron con la titánica labor de construir los equipos de transmisión.

Años después doña Teresa Moreno –esposa de don Fernando Gómez—le contaría a doña Lucy Nieto de Samper una historia digna de enmarcar: Los transmisores comprados en Berlín los enviaron en un avión de Lufthansa. Pero sucedía que no había convenio con esa empresa aérea y el jefe de la Aeronáutica Civil no dejaba aterrizar el avión en El Dorado.

“Fernando Gómez, desesperado, llamó al general Rojas: ‘Excelencia –le dice–: Asómese al balcón. ¿Ve ese avión que da vueltas sobre Bogotá? Trae de Berlín los transmisores, pero por falta de convenios, el jefe de la Aeronáutica no lo deja aterrizar’. ‘Pues dígale al jefe que está destituido. Usted lo reemplaza’, le dijo Rojas. ‘Después de que aterrice el avión nombró a otro en propiedad’. Para que no lo tumbaran, el jefe de la Aeronáutica dejó, por fin, aterrizar el avión.

El 13 de junio de 1954 la sintonía fue total. Cuando ya los televidentes estaban cansados, a las 7 pm no solo se escucharon las notas del Himno Nacional de la República, sino que el sonido venía acompañado de las imágenes de la Orquesta Sinfónica de Colombia.

Acto seguido el General Rojas Pinilla se dirigió al país desde el Palacio de San Carlos, actual Ministerio de Relaciones Exteriores, y declaró oficialmente inaugurada la televisión en Colombia.

La señal fue transmitida en Bogotá y sus alrededores por el canal 8 y en Manizales por el canal 10.

Lo demás es historia.