Bogotá, 1950. La capital colombiana aún intentaba sanar las heridas físicas y sociales del “Bogotazo” ocurrido apenas dos años antes. En un país polarizado y sumido en la incertidumbre de “La Violencia”, la radio era el único puente que unía los hogares de la periferia con el centro del poder. Fue en este escenario, exactamente el 8 de febrero de 1950, cuando una voz pausada pero firme irrumpió en las ondas de la Emisora Nueva Granada.
El Padre Rafael García Herreros, un sacerdote eudista que ya había experimentado con el formato de “La hora católica” en Radio Fuentes de Cartagena desde 1946, comprendió que el futuro de la evangelización no solo estaba en los templos, sino en las “ondas hertizianas”. Aquella mañana de febrero, el programa El Minuto de Dios se emitió por primera vez en Cartagena a las 7:30 am, marcando el inicio de lo que hoy, 76 años después, es el espacio más antiguo de la radio y años más tarde de la televisión nacional.
El padre Rafael evocaría los inicios de su programa con estas palabras: “Un día se me ocurrió, y fue una intuición, que debía existir un minuto, en la Tierra, de la Divinidad, para que hubiera paz, silencio, fe y alegría en este mundo. Es sólo un momento, pero es el tiempo de la Verdad; en otras palabras, el Minuto de Dios expresa un instante de Dios en la Tierra”.
Desde Cali, el programa alcanzó renombre nacional debido a que numerosas emisoras del país entraron en cadena para trasmitirlo por muy distintas regiones. Fueron esas emisoras: Radio Pacífico, la Voz de Cali, Radio Nueva Granada, la Voz de Armenia, la Voz de Pereira, la Voz del Norte, la Voz de Pasto, Radio Bucaramanga y Radio Boyacá, que formaban la cadena “Todelar” de Bernardo Tobón de La Roche.
Dos veces al día, a las 7:20 de la mañana y a las 7:30 de la noche, los radioescuchas recibían la invitación para pensar en Dios, en Jesucristo y en su fe cristiana, y para leer, a la luz del Evangelio, los sucesos cotidianos.
La prensa de la época, incluyendo archivos recuperados del diario El Tiempo, destaca cómo la brevedad del mensaje fue su mayor activo. Mientras los discursos políticos y religiosos solían extenderse por horas, el padre Rafael García Herreros ofrecía una píldora de reflexión de 60 segundos. Aquel 8 de febrero no se habló de dogmas de fe; se habló de un Dios comprometido con la realidad social del país. La innovación no fue solo el tiempo, sino el lenguaje: directo, humano y profundamente social. Este primer paso radial fue el germen de un ecosistema que hoy incluye la red de Emisoras Minuto de Dios y una red de medios y emisoras que dan cuenta de la solidaridad y de la construcción del tejido social de Colombia.








