Por: Juan David Torres González
Según la actualización del IDEAM del 8 de octubre de 2026, existe una probabilidad del 83 % de que el fenómeno mantenga alta intensidad hasta el primer trimestre de 2027. Además, en septiembre la entidad había señalado que existía una probabilidad del 75 % de que este episodio fuera el más intenso desde 1950. Aunque estas cifras reflejan un escenario preocupante, todavía corresponden a pronósticos y no significan que se haya confirmado un récord histórico.
Este fenómeno se produce porque aumenta de manera anormal la temperatura superficial del Océano Pacífico ecuatorial. Este cambio altera los patrones de circulación atmosférica y modifica el comportamiento de las lluvias en diferentes partes del mundo. En Colombia, suele relacionarse con una disminución de las precipitaciones en varias regiones y con temperaturas más elevadas, aunque sus efectos no son iguales en todo el territorio.
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Una de las principales preocupaciones está relacionada con la disponibilidad de agua. Cuando las lluvias disminuyen durante periodos prolongados, pueden reducirse los caudales de ríos y quebradas, así como los niveles de los embalses que abastecen a las poblaciones y participan en la generación de electricidad.
Esta situación podría obligar a algunas localidades a adoptar medidas especiales para administrar el agua, dependiendo de las reservas disponibles y de las condiciones que se presenten. Bogotá también deberá mantenerse atenta a la evolución del fenómeno y a la situación de sus fuentes de abastecimiento. La gerente de la empresa de acueducto y alcantarillado de Bogotá, aseguró el 6 de octubre que la ciudad esta preparada para enfrentar el fenómeno del niño y que no contempla aplicar racionamientos de agua, la funcionaria explico que el distrito a trabajado en diferentes medidas para fortalecer la seguridad hídrica y evitar que se repitan las dificultades de abastecimiento registradas en 2024 y 2025.
Otro de los riesgos está en los incendios forestales. Las altas temperaturas y la vegetación seca pueden favorecer la aparición y propagación del fuego, especialmente en zonas vulnerables. Por esta razón, las autoridades recomiendan evitar las quemas, no arrojar elementos que puedan iniciar incendios y reportar oportunamente cualquier emergencia.
El sector agrícola y ganadero también podría sentir los efectos del fenómeno. La reducción de las lluvias puede dificultar el crecimiento de los cultivos, disminuir la disponibilidad de agua para el riego y afectar pastos utilizados para alimentar al ganado. Ante este panorama, el ICA y Acosemillas hicieron un llamado a los productores de arroz, soya y pastos para planificar las fechas de siembras y adoptar medidas necesarias para la conservación del suelo, estas entidades señalaron que estas acciones pueden ayudar a reducir los riesgos de pérdidas frente a la falta de agua y las altas temperaturas.
La generación de energía es otro aspecto que requiere seguimiento. Según XM, los embalses destinados a producir electricidad cerraron agosto de 2026 con el 79,36% de su capacidad útil. Sin embargo, el aporte del agua completo cuatro meses seguidos por debajo del promedio histórico, esta situación hace necesario el seguimiento de las reservas hídricas y la capacidad de generación del sistema eléctrico.

Aunque el IDEAM confirmó oficialmente el fenómeno, Colombia atraviesa durante octubre y noviembre la segunda temporada de más lluvias del año, especialmente en las regiones Andina y Caribe. Esto puede parecer contradictorio, pero El Niño no significa que deje de llover en todo el país ni que las precipitaciones desaparezcan de inmediato.
Frente a este panorama, las autoridades nacionales han comenzado a coordinar acciones para enfrentar los posibles efectos del fenómeno durante 2026 y 2027. La estrategia contempla medidas para prevenir el desabastecimiento de agua, reducir los incendios forestales, proteger la producción agropecuaria y mantener la continuidad de los servicios esenciales.
Sin embargo, la respuesta institucional deberá ir acompañada de acciones cotidianas por parte de los ciudadanos. Ahorrar agua, evitar el desperdicio y seguir las recomendaciones de los acueductos son medidas que contribuyen a cuidar las reservas disponibles. En las zonas rurales y cercanas a áreas de vegetación, también es importante evitar las quemas y reportar cualquier señal de incendio.

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