La caída de la natalidad empieza a transformar la educación en Colombia

En 2024 el país registró una caída del 2,3% en la matrícula a la educación formal, impulsada principalmente por el descenso sostenido de la natalidad.

Cada año, mientras estudiantes nuevos ingresan al sistema educativo colombiano —que abarca desde el preescolar hasta la educación media, e incluye modalidades como los Ciclos Lectivos Especiales Integrados (CLEI) y los modelos educativos flexibles— otros avanzan o culminan su formación en un logro significativo para ellos y sus familias.

Sin embargo ese proceso está cambiando, pues cada vez son menos los niños y jóvenes que inician esta trayectoria, anticipando que el sistema operará con menos estudiantes y se deberá adaptar a nuevas condiciones de demanda y organización.

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Este nuevo panorama de la educación formal en Colombia plantea la necesidad de comprender cómo se está transformando la demanda educativa, algo que ya se refleja en las cifras de 2024 entregadas por el DANE y que son fundamentales para orientar la planeación del sistema, anticipar los cambios en la matrícula y tomar decisiones basadas en evidencia estadística.

Dentro de ese contexto, en 2024 el país registró 9,3 millones de estudiantes matriculados en la educación formal, cifra que representa una caída del 2,3% frente al año inmediatamente anterior, 2023.

Aunque esta reducción se podría interpretar como un retroceso en el desempeño, las cifras muestran que responde en buena medida a una transformación demográfica que se traduce en cohortes cada vez más pequeñas de estudiantes.

Esta tendencia se manifiesta más claramente en los niveles iniciales del sistema, en donde el preescolar registró una caída del 5,2% en la matrícula. Esto va en línea con la disminución sostenida de la natalidad en el país durante este siglo, pues la tasa de fecundidad pasó de cerca de 2 hijos por mujer a solo uno, lo que anticipa una alta probabilidad de que las cohortes que ingresan se sigan reduciendo en los próximos años —salvo que se dé un influjo importante de inmigrantes—, y también que el sistema educativo deberá ajustarse a una nueva realidad en la que la demanda es menor, pero no necesariamente más equitativa.

Menos estudiantes y brechas que siguen marcando el territorio

La distribución de la matrícula permite entender mejor cómo está organizado el sistema frente a estos cambios: en 2024 la básica primaria concentró el 42,5% de los estudiantes (3,5 millones), seguida de la básica secundaria con el 33,4% (2,8 millones), lo que evidencia que la mayor parte se concentra en los primeros niveles, en los que estas variaciones comienzan a hacerse más visibles.

Imagen tomada del DANE

Esta organización tampoco se distribuye uniformemente en el territorio, pues Bogotá, Antioquia, Valle del Cauca, Cundinamarca, Atlántico y Bolívar concentraron el 49,8% de la matrícula nacional.

Además existe una diferencia marcada entre lo urbano y lo rural: mientras el 76,0% de los estudiantes asiste a colegios urbanos, el 24,0% lo hace en áreas rurales, en contraste con la oferta educativa, que concentra el 67,4% de las sedes precisamente en zonas rurales.

Esta misma lógica territorial se refleja en la capacidad del sistema para responder a estos desafíos, en particular a la disponibilidad del personal docente, pues en 2024 se registraron 493.602 profesores, de los cuales el 71,2% se encontraba en el sector oficial, con un 71,3% en zonas urbanas contra un 28,7% en áreas rurales.

Tales diferencias también se evidencian en el acceso a tecnologías, pues aunque ese año el 93,4% de las sedes educativas contaban con algún tipo de herramienta tecnológica, aún persisten brechas importantes. Mientras en las sedes urbanas la conectividad a internet alcanza el 95,0%, en las rurales se reduce al 57,2%, lo que evidencia que las condiciones de acceso siguen estando fuertemente determinadas por el territorio.

A esta diversidad territorial se suma la composición de la población atendida por el sistema, ya que el 18,2% de los estudiantes (1,7 millones) correspondía a población con características especiales, dentro de la cual el 10,3% pertenecía a grupos étnicos y el 5,5% a población desplazada o desmovilizada víctima del conflicto armado, mientras que la población con discapacidad o capacidades excepcionales representó el 2,4%.

La organización de la jornada escolar refuerza esta pluralidad, pues las 52.004 sedes educativas analizadas registraron 63.417 jornadas, de las cuales el 62,3% corresponde a la jornada de la mañana, seguida por la jornada única con el 15,4% y la jornada de la tarde con el 10,0%, lo que muestra que el sistema opera bajo esquemas distintos según las condiciones de cada territorio.

| Nota del editor *

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