Lo que amamos de la 3ra Temporada de la Casa del Dragón

Algo que está claro para muchos de los fans de la serie es que esta es, hasta ahora, la temporada más épica de todas.

¡A lo que vinimos vamos! Eso es lo que se han debido preguntar los guionistas de esta nueva temporada. Y de verdad… gracias, porque estábamos ya de los nervios con tanta espera. Tras una segunda temporada, donde nos tuvieron preparando la mecha una y otra vez (y admitámoslo, a veces desesperando un poco), los primeros cuatro capítulos van directos a la yugular. Si estabas deseando ver fuego y sangre de verdad, prepárate, porque esta temporada ha estado ardiendo.

Hay que ser honestos con la temporada pasada. El corazón de la serie siempre ha sido la tensa y dolorosa relación entre Rhaenyra (Emma D’Arcy) y Alicent (Olivia Cooke), pero la trama se enredó de más. Nos ahogamos en subtramas secundarios con los que apenas empatizábamos. Al espectador más fiel le quedó esa sensación frustrante de “va a pasar algo” … que nunca terminaba de estallar.

- Patrocinado -

Afortunadamente, esta tercera temporada rompe con ese bucle.

El ritmo es otra cosa. El montaje vuela de lo épico a lo íntimo en un parpadeo. Visualmente es una locura: las batallas aéreas usan unos planos semisubjetivos brutales que te meten de lleno en el lomo del dragón. Pero lo mejor es que el despliegue técnico no se come a los personajes.

Nos importa la acción, sí, pero nos importa más ver a Corlys jugándose la credibilidad como padre ante un hijo resentido, o ver a Rhaenyra y Jacaerys chocando en mitad del conflicto.

El primer capítulo se cierra con un final elegíaco que, sin exagerar, entra directo al top de lo más emocionante de toda la serie.

El segundo episodio nos regala un giro que cambiará el tablero para siempre, coronado por una interpretación de Emma D’Arcy que te pone los pelos de punta solo con su lenguaje gestual.

Ojo al dato: El cierre de ese segundo episodio sube la temperatura al máximo, pero también enciende una pequeña alarma. Coquetea con esa peligrosa tendencia que tanto dolió en las últimas temporadas de Juego de Tronos: abusar del “golpe de efecto” y de la necesidad de demostrar que ningún personaje es intocable. Es un recurso potente, sí, pero si abusas de él, roza lo paródico.

Por suerte, los guionistas recalculan la ruta a tiempo. En los capítulos tres y cuatro, la serie vuelve a poner el foco en lo que de verdad nos enganchó desde el día uno: el amor, el odio y los reproches pendientes entre Rhaenyra y Alicent.

Ver lo que una tiene que aceptar por encima del dolor, y lo que la otra está dispuesta a ceder sabiendo que ha criado a un monstruo como Aemond, es oro puro. Estamos ante la temporada más espectacular hasta la fecha. Quizás no tenga el carisma arrollador de los mejores años de Juego de Tronos, pero es tan bigger than life que no vas a poder despegar los ojos de la pantalla.

Esto es lo que viene…

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

Otros contenidos

Contenidos populares