Por: Andrés Camargo
Cinco años después del inicio de la pandemia, el COVID-19 dejó de ser una emergencia para convertirse en una enfermedad endémica, pero sus secuelas neurológicas siguen creciendo silenciosamente.
Un estudio realizado por la Universidad del Noroeste en Illinois, Estados Unidos, en colaboración con investigadores de India, Nigeria y Colombia; muestra que la llamada Neuro-PASC —la expresión neurológica de las secuelas del COVID-19— está presente en todo el mundo, aunque con distinta intensidad, diferente forma de reportarse y profundas desigualdades marcadas por la cultura, el género y el acceso al sistema de salud.
La investigación comparó a 3.157 adultos con síntomas neurológicos persistentes tras la infección por SARS-CoV-2 en Estados Unidos, Colombia, Nigeria e India.
El trabajo revela que los síntomas más frecuentes son similares: “niebla mental”, dolores musculares, mareo, dolor de cabeza y alteraciones sensoriales.
Sin embargo, su frecuencia y la forma en que impactan la vida diaria cambian según el país y el nivel de ingresos.
Se descubrió que las personas en Estados Unidos y Colombia reportan una carga de síntomas significativamente mayor que las de Nigeria e India, lo que apunta a la influencia determinante de factores socioculturales, estigmas en salud mental y brechas en la atención neurológica.
Un mapa global del COVID neurológico
El estudio analizó datos de cuatro centros hospitalarios y de investigación: Chicago (Estados Unidos), Medellín (Colombia), Lagos (Nigeria) y Jaipur (India), todos siguiendo un mismo protocolo diseñado en una clínica especializada en Neuro-COVID en EE. UU.
En total, se incluyeron 3.157 personas, de las cuales 652 habían sido hospitalizadas durante la fase aguda de la infección (grupo post-hospitalización) y 2.505 nunca requirieron hospitalización (grupo no hospitalizado).
Las cifras dimensionan la magnitud del problema al evaluar adultos con síntomas persistentes durante al menos tres meses después de la infección confirmada por PCR, antígeno o serología. El seguimiento, en promedio, se extendió casi dos años después del inicio de los síntomas en el grupo hospitalizado.
Se trata de personas en edad productiva; la media de edad rondó los 46–48 años que ya no están en fase aguda de la infección, pero que siguen lidiando con sus secuelas neurológicas y cognitivas.
Mientras que la atención pública se ha desplazado hacia nuevas variantes y campañas de refuerzo, el estudio enfatiza en que millones de personas siguen viviendo con la resaca neurológica de la pandemia.
Esa resaca incluye trastornos de memoria, dificultad en la concentración, falta de sueño, dolor crónico y síntomas ansiosos o depresivos que afectan la calidad de vida y la capacidad laboral.
La investigación estima que más de 400 millones de personas en el mundo podrían padecer de secuelas del COVID, con un impacto económico anual cercano a 1 billón de dólares. Esto equivale, aproximadamente, al uno por ciento de la economía global.

Los síntomas que más persisten en el cerebro y el cuerpo
Pese a las diferencias entre países, la lista de manifestaciones neurológicas se repite consistentemente.
Los investigadores se concentraron en los cuatro síntomas clave, evidenciados en los pacientes, para compararlos entre los cuatro países participantes, denotando las tendencias constantes que se presentan, dependiendo del contexto social y las condiciones socioculturales de cada región.
La niebla mental afectó a cerca del 87 por ciento de los pacientes hospitalizados en Estados Unidos, alrededor del 56 por ciento en Colombia, casi la mitad en Nigeria, pero apenas a poco más del 12 por ciento en India.
Entre quienes nunca fueron hospitalizados, la tendencia se repite: más del 86 por ciento en Estados Unidos, más del 62 por ciento en Colombia y Nigeria, frente a solo un 14,6 por ciento en India.
Algo similar se encontró al comparar otros síntomas como mialgias, mareos, dolor no torácico y hormigueos, los cuales son mucho más frecuentes en EE. UU. y Colombia que en Nigeria e India.
Esto se traduce en pacientes que, aun pudiendo levantarse de la cama e ir al trabajo, describen su día a día como avanzar entre una neblina física y mental, les cuesta recordar tareas sencillas, subir escaleras sin fatigarse o mantener la concentración en reuniones.
Salud mental, género y cultura: lo que las cifras no dicen a simple vista
Más allá de la lista de síntomas, el estudio abre una ventana a cómo la cultura moldea lo que se cuenta y lo que se calla en la consulta médica.
La combinación de síntomas neurológicos con alteraciones del estado de ánimo fue muy distinta entre regiones, especialmente en lo que respecta a depresión y ansiedad.
En los pacientes hospitalizados, la mayoría de los participantes en Estados Unidos Colombia reportaron síntomas de depresión y ansiedad, frente a una minoría en Nigeria e India. Entre los no hospitalizados se evidencia la misma tendencia.
Los investigadores señalan que estos datos no necesariamente significan que las personas en Nigeria o India sufran menos, sino que pueden estar menos dispuestas o acostumbradas a verbalizar trastornos emocionales y cognitivos.
En India, por ejemplo, estudios previos han documentado que las mujeres enfrentan barreras adicionales para acceder al sistema sanitario, lo que podría explicar por qué la muestra de este país está dominada por hombres, tanto en pacientes hospitalizados como ambulatorios.
Esto significa que, mientras en Chicago o Medellín un paciente puede hablar abiertamente de problemas de concentración o ataques de pánico tras la COVID-19, en Lagos o Jaipur ese mismo paciente podría limitarse a referir “dolor de cabeza” o “cansancio” y dejar sin mencionar sus dificultades para recordar, dormir o gestionar la ansiedad.
Pruebas cognitivas y calidad de vida: medir lo mismo con herramientas distintas
El estudio no se limitó a lo que los pacientes decían, sino que también registró cómo funcionaba su desempeño cognitivo en pruebas estandarizadas.
Para ello se usaron herramientas diferentes según el país, adaptadas a la lengua y contexto local: el NIH Toolbox en Estados Unidos y Colombia, el Montreal Cognitive Assessment (MoCA) en Nigeria y el Mini-Mental State Examination (MMSE) en India.
Los cuestionarios de calidad de vida centrados en depresión y ansiedad —PROMIS en Estados Unidos y Colombia, DASS-21 en India— mostraron que dos de cada tres pacientes estadounidenses y colombianos tenían niveles anormales de malestar psicológico, frente a menos de uno de cada cinco en India.
Los autores advierten que las diferencias en instrumentos dificultan comparaciones directas, pero aun así el patrón de mayor carga subjetiva en América frente a Asia y África es consistente.
Estos datos se traducen en pacientes que expresan que “ya no son los mismos” tras la infección: olvidan citas, pierden el hilo de conversaciones, se sienten abrumados por tareas que antes resolvían con facilidad y se frustran al no lograr volver a su nivel de rendimiento previo.

Limitaciones del estudio y desafíos para el futuro
Los autores reconocen varias limitaciones que invitan a interpretar los resultados con cautela. En Estados Unidos e India, la mayoría de los pacientes llegó a clínicas post-COVID por iniciativa propia o referidos por otros médicos.
En Colombia y Nigeria, muchos fueron identificados a partir de bases de datos de personas con diagnóstico previo de COVID-19, lo que implica modos distintos de reclutamiento y de entrevista clínica.
Además, las herramientas para evaluar cognición y salud mental no fueron idénticas entre países, lo que dificulta la comparación directa de porcentajes de deterioro cognitivo o de depresión y ansiedad.
Aunque los investigadores procuraron armonizar protocolos, la necesidad de adaptarse a contextos culturales y de recursos diversos introduce inevitablemente variaciones metodológicas.
Pese a ello, aparece un patrón, la Neuro-PASC existe en las cuatro regiones, tiene un impacto claro en la función cognitiva y en la calidad de vida, y se manifiesta con mayor carga sintomática reportada en las poblaciones de Estados Unidos y Colombia que en Nigeria e India.

La tarea pendiente: sistemas de salud preparados para la Neuro-PASC
Este no es un fenómeno aislado ni exclusivo de países ricos; está presente en todos los continentes, pero su reconocimiento, diagnóstico y tratamiento están fuertemente condicionados por el contexto sociocultural y económico.
Así como la pandemia obligó a rediseñar los hospitales para atender urgencias respiratorias, la etapa actual exige rediseñar la atención primaria y especializada para acompañar a quienes quedaron con secuelas neurológicas y cognitivas duraderas.
El estudio marca un punto de inflexión en la comprensión global de la Neuro-PASC. Si la primera fase de la pandemia se midió en contagios, hospitalizaciones y muertes, la fase actual se mide en la suma de vidas alteradas por síntomas que no siempre se ven, pero que cambian radicalmente la capacidad de pensar, recordar, trabajar y disfrutar de la vida cotidiana.
En un contexto donde el COVID-19 se ha vuelto endémico, los autores advierten que ignorar las secuelas neurológicas será tan costoso como lo fue subestimar el virus al inicio de la pandemia.
Ahora, el desafío no es ampliar las camas de UCI, sino construir sistemas de salud capaces de escuchar, medir y tratar una enfermedad crónica, multisistémica y profundamente influida por la cultura y las desigualdades sociales.
Para más información de Rizoma:
https://www.uniminutoradio.com.co/rizoma/










