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Regreso a la realidad: Colombia retoma su pulso laboral en medio de un aumento en el costo de vida

Esta semana marca, para millones de colombianos, el regreso definitivo a la rutina.

Tras el paréntesis de fin de año, el país vuelve a encender motores: colegios y universidades reabren sus aulas, las oficinas recuperan el ritmo completo, el tráfico retoma sus horas pico y el comercio siente nuevamente el flujo constante de consumidores. Sin embargo, este retorno a la “normalidad” llega acompañado de una sensación compartida: la plata rinde menos.

El arranque del año no solo trae agendas llenas y calendarios ajustados, sino también una presión evidente sobre el costo de vida, que contrasta con el reciente aumento del salario mínimo y pone en duda si este representa una mejora real o apenas una ilusión monetaria.

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Un inicio de año más caro

Desde los primeros días de enero, los hogares han comenzado a sentir el impacto de una cadena de incrementos en bienes y servicios esenciales. En recorridos por barrios comerciales de Bogotá y otras ciudades principales, ciudadanos reportan alzas que, en algunos casos, superan el 20%.

Los alimentos de consumo diario encabezan la lista: papas, lácteos, gaseosas, arepas y productos básicos ya exhiben nuevos precios. Comerciantes advierten que proveedores han anunciado más ajustes en artículos como la leche y el queso, lo que anticipa un efecto dominó en las próximas semanas.

El sector servicios tampoco escapa a esta dinámica:

  • Cortes de cabello que costaban 20.000 pesos ahora se ofrecen en 25.000, bajo el argumento del alza en servicios públicos.
  • Parqueaderos que cobraban 110 pesos por minuto pasaron a 160 pesos, un salto que golpea especialmente a quienes regresan al trabajo presencial.
  • Cuotas de administración en conjuntos residenciales reflejan incrementos que muchos copropietarios consideran desproporcionados, justificados por mayores costos laborales en vigilancia y mantenimiento.

Entre lo legal y la especulación

La gran pregunta que surge en este regreso a la cotidianidad es clara: ¿estos aumentos están justificados o responden a prácticas especulativas?.

Es el caso de copagos en salud, cuotas moderadoras, medicina prepagada y ciertos servicios públicos y educativos, que suelen moverse en proporciones similares al aumento salarial.

No obstante, no todos los precios deberían subir al mismo ritmo. Rubros como los arriendos, por ejemplo, deben ajustarse con base en la inflación (IPC), cercana al 5%, y no replicar incrementos del 20% o más. Lo mismo ocurre con restaurantes y hoteles, donde trasladar de forma automática el alza salarial al consumidor final puede convertirse en una carga injustificada.

El dilema del pequeño comerciante

Detrás de los nuevos precios también hay una realidad compleja para miles de pequeños negocios. Algunos comerciantes reconocen que, para sostenerse, han debido reducir personal y asumir ellos mismos tareas operativas. Pasar de dos empleados a uno se ha convertido en una estrategia de supervivencia.

El resultado es una cadena de tensiones: el empresario intenta no operar a pérdida, el trabajador teme que su aumento salarial se diluya y el consumidor termina pagando más por los mismos bienes y servicios.

Trabajar más para quedarse en el mismo lugar

Para el trabajador promedio, el regreso a la vida laboral y académica viene acompañado de una inquietud silenciosa: que el aumento del salario mínimo no alcance a cubrir el incremento del costo de vida. La sensación de “ganar más pero poder comprar menos” se instala justo cuando el año comienza a exigir gastos en transporte, educación, alimentación y vivienda.

Como lo resume una analogía que circula entre analistas económicos, la situación se asemeja a una persona que corre por una escalera mecánica en sentido contrario: el salario intenta subir al trabajador, pero si los precios bajan con igual o mayor velocidad, el esfuerzo solo sirve para mantenerse en el mismo escalón.

Un 2026 que arranca con cautela

Colombia vuelve a la realidad este enero con calles llenas, aulas activas y oficinas funcionando a toda marcha. Pero el pulso del país se siente tenso. El desafío para los próximos meses será lograr que los ajustes económicos no se traduzcan en una pérdida silenciosa del poder adquisitivo y que el inicio de año no se convierta, para muchos hogares, en una carrera cuesta arriba desde el primer día.

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

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